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jueves, 12 de septiembre de 2013

EL MERCADO DE BONOS EXPLICADO CON SENCILLEZ

(o OLVIDAD LA BOLSA, EL QUE IMPORTA ES EL MERCADO DE BONOS)

Aunque últimamente se haya corregido en parte esta tendencia con las informaciones que se dan sobre la prima de riesgo, llama mucho la atención la preponderancia que la Bolsa ha tenido sobre el mercado de bonos en los medios de comunicación.

En efecto, los principales periódicos y telediarios aportaban información puntual sobre la marcha de la Bolsa, la evolución de sus principales índices y la cotización de las acciones más destacadas. Pero al mismo tiempo, se le daba muy poca relevancia al mercado de bonos, a las subastas de deuda pública o a los tipos de interés pagados por los distintos títulos. Y sin embargo, el mercado de bonos es mucho más importante para nosotros que la Bolsa.

¿Y por qué es tan importante el mercado de bonos? En primer lugar, porque en gran medida es el que establece los tipos de interés a largo plazo para la economía en su conjunto. En segundo lugar, porque juzga diariamente las políticas económicas de los distintos gobiernos y tiene capacidad para castigarles subiendo el coste de su deuda (que básicamente es lo que lleva sucediendo en España desde hace unos años).

Para entender la importancia del mercado de bonos basta con identificar a sus principales actores:

  • Los principales emisores de los mercados de bonos son agentes económicos que necesitan grandes sumas de dinero, como las grandes empresas, pero por su importancia y por la cantidad de dinero que manejan, debemos destacar sobre todo a los gobiernos que emiten deuda pública.
  • Del mismo modo, los principales inversores en los mercados de bonos son los agentes económicos que mayores sumas de dinero manejan: fondos de pensiones, fondos de inversión, fondos soberanos... Estos agentes no solo mueven cifras gigantescas de dinero, sino que de ellos depende el bienestas y el futuro de millones de trabajadores y pensionistas del mundo entero.

Pero vayamos por partes. Para hablar del mercado de bonos es imprescindible saber qué se negocia en ellos, y para ello debemos hablar de los empréstitos. A menudo, los gobiernos y las grandes empresas necesitan sumas de dinero tan grandes que sería imposible encontrar un banco que se las prestase; en esos casos, recurren a la emisión de empréstitos.

En realidad, un empréstito no es más que un gran préstamo dividido en partes iguales. Cada una de estas partes se llama obligación. Las obligaciones son títulos-valores (como las acciones) cuyo comprador adquiere el derecho a percibir un interés periódico o acumulado y al que el emisor del título se compromete a devolver el importe del mismo en un plazo determinado. Siguiendo con la comparación con las acciones, mientras que éstas te convierten en copropietario de una empresa, las obligaciones te convierten en acreedor de un préstamo concedido a una empresa o país. Eso sí, el término obligación es demasiado teórico, los mercados financieros denominan bonos a los títulos de deuda, así que esa es la denominación que utilizaremos en el resto de la entrada.

En esta representación gráfica podéis ver una explicación simplificada de este proceso:


Fuente: www.finanzzas.com


Cada bono tiene un valor nominal, que es el valor oficial que se le da al emitirlo y que supuestamente es la cantidad que paga el comprador al adquirirlo (aunque puede venderse por menos si se emite con una prima de emisión). Los bonos también tienen un tipo de interés fijado en la emisión, pero el comportamiento del mercado de bonos puede hacer que los intereses reales percibidos por los poseedores de los bonos se alejen mucho del tipo de interés fijado por el emisor. Veamos cómo puede suceder esto explicando brevemente el funcionamiento de los mercados primario y secundario de bonos:
Mercado Primario: es el mercado de emisión, es decir, en el que los prestatarios ponen a la venta los títulos de deuda. Por ejemplo, el gobierno español podría poner a la venta en el mercado primario bonos de deuda a diez años con un valor nominal de 1.000 € y un interés del 5% anual. Esto significa que el comprador de un bono recibiría un interés de 50 € al año y al cabo de diez años se le devolverían los 1.000 € invertidos.
Mercado Secundario:  es el mercado de negociación, en el que los bonos van cambiando de manos. El comprador original de los bonos los vende a otros inversores, y estos los van vendiendo sucesivamente a otros posibles compradores. El comportamiento de este mercado secundario es el que puede tener un impacto clave en la economía:
Imaginemos un escenario en el que el mercado de bonos se asusta ante el enorme tamaño de la deuda pública española (que se acerca peligrosamente al 100% del PIB). En esta situación, los inversores empezarían a preocuparse por la posibilidad de que el gobierno español sea incapaz de devolver su deuda. En tal caso, el precio del bono español caería, ya que los inversores intentarían desembarazarse de él para comprar títulos más seguros.
De este modo, el bono que se emitió a 1.000 € en el mercado primario podría acabar vendiéndose por 800 € en el mercado secundario. En principio, al gobierno español no le afectan los vaivenes del mercado secundario, y seguirá pagando 50 € al poseedor de dicho título, sea quien sea. Sin embargo, ese poseedor ya no cobrará un interés del 5%, sino del 6,25%, ya que percibirá unos intereses de 50 € por un título que le costó 800 € (50/800=0,0625).
El problema para el gobierno español es que, cuando vuelva a acudir al mercado primario a emitir bonos, los inversores  no aceptarán intereses inferiores al 6,25%, lo que encarecerá enormemente el coste de la deuda. 
Como podréis imaginar, todo este proceso acabaría desencadenando un auténtico círculo vicioso en el que el pago de mayores intereses empeoraría el déficit, y este aumento del déficit provocaría nuevos aumentos en el tipo de interés pagado por la deuda. En esta coyuntura, o bien se renuncia a devolver parte de la deuda (lo que enfadaría mucho a los mercados), o bien se recortan las demás partidas de gasto o bien se suben los impuestos. ¿Os suena esta historia?

Además, como mencionamos al principio de la entrada, el mercado de bonos es también importante porque determina los tipos de interés a largo plazo de la economía. En efecto, teniendo en cuenta que los bonos de deuda pública son considerados los activos con más seguridad de los mercados financieros, los tipos de interés que se piden por ellos influyen en todos los demás. Por seguir con el ejemplo anterior, si al estado español se le pide un 6,25% de interés por sus títulos de deuda, ¿qué no se le pedirá a cualquiera de sus bancos o demás empresas, que en principio son prestatarios mucho menos seguros? Y como una cascada, los tipos pedidos a estas empresas repercutirán en el conjunto de la economía. De este modo, que la deuda española sea más cara que la alemana no sólo significa que el Tesoro Público alemán se financia de forma más barata que el español, sino que las empresas alemanas también lo hacen, con todas las repercusiones que eso tiene para la inversión, la actividad y el empleo.


Aunque los actuales bonos no tienen soporte físico, sino que son simples anotaciones contables registradas informáticamente, anteriormente sí que lo tenían, como ocurría con las acciones. Aquí tenéis un ejemplo de un bono del tesoro emitido en Estados Unidos en 1977 con los cupones que se adjuntaban para el cobro de intereses.

miércoles, 16 de enero de 2013

POR QUÉ LA SANIDAD NO PUEDE SER SUMINISTRADA POR EL MERCADO


Un tema de candente actualidad es la privatización de la sanidad. Recientemente, la Asamblea de Madrid aprobó la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos de la Comunidad de Madrid de 2012, que abre la puerta a la privatización de la gestión de seis hospitales públicos y un 10 % de los centros de salud de la región.
El principal argumento de los defensores de la privatización de la sanidad es el mismo que sostienen para todos los ámbitos de la economía: los mercados libres y sin trabas gubernamentales son eficientes y, en todo caso, si aparecen errores siempre será mejor la regulación natural del mercado que la intervención de un Estado que actúa torpemente.
Desde mi punto de vista, aunque opino que los mercados han de ser la base de cualquier economía próspera, está claro que no se cumplen las condiciones suficientes para que funcionen de forma óptima. En determinados sectores, como ocurre en la sanidad, las particularidades propias de la actividad que se desarrolla son tales que es imposible asignarla eficaz y eficientemente a través del mercado.
En el siguiente post, intentaré explicar las razones económicas por las que el sector de la sanidad no puede ser gestionado por el mercado. Para ello, me basaré en un famoso artículo escrito en 1963 por el economista estadounidense Kenneth Arrow (premio Nobel de Economía en 1972), en el que justificaba y explicaba las peculiaridades de la sanidad como actividad económica:
  1. En primer lugar, afirma Arrow, al contrario que con otros bienes como la ropa, los alimentos o los automóviles, la demanda de servicios sanitarios es irregular e imprevisible. Podemos pasar años sin pisar un hospital y, por culpa de un accidente o una enfermedad sobrevenida, necesitar de repente y con urgencia una costosísima operación seguida de un no menos costosísimo tratamiento. Por supuesto, dado lo imprevisible y/o repentino de estos casos, lo normal es que una persona corriente no dispusiese de los fondos necesarios para pagar esos tratamientos.
Suponiendo que las personas somos sujetos racionales (algo que, no nos engañemos, es mucho suponer), una solución a este problema podría ser que cada persona ahorrase un capital a lo largo de su vida para hacer frente a estos gastos. Sin embargo, esto no serviría para las personas jóvenes, a los que no les habría dado tiempo a reunir el ahorro suficiente.
Otra opción sería que los hospitales y centros de salud permitieran “financiar” el coste de sus servicios, como hacen los vendedores de coches, casas o electrodomésticos; sin embargo, esta medida tampoco ofrece una solución óptima. Supongamos que el enfermo muere. En muchísimos casos, la culpa de esta muerte no es culpa del equipo médico, que sin duda habrá hecho todo lo posible para evitar este fatal desenlace. Seguramente, no sería justo dejar que el hospital o centro de salud corriera con los costes de la operación, pero… ¿acaso sería ético o estético obligar a una familia a pagar los costes de una operación que no ha servido para salvar a un ser querido?
Dados estos problemas, la única solución aparente a la imprevisibilidad de la demanda sanitaria sería establecer un sistema de seguros sanitarios. Este sistema, por supuesto, podría establecerse a través del mercado, pero esto implicaría otros problemas: la selección adversa y el riesgo moral.
•         La selección adversa implica que las personas con más probabilidades de enfermar (principalmente, mayores e individuos con problemas de salud) tendrán que suscribir seguros mucho más caros para cubrir todas las posibles contingencias. El mayor precio de estos seguros “expulsará” a muchas de estas personas del mercado y quedarán sin protección sanitaria. Del mismo modo, las personas aparentemente sanas no suscribirían ningún seguro y también quedarían desprotegidas.
La única solución a estos problemas sería que el Estado interviniese creando un seguro público (como ocurre en España) u obligando a suscribir seguros privados (como ocurre en Estados Unidos).
•         El riesgo moral implica que una vez que una persona esté cubierta por un seguro actuará de forma más despreocupada, acudiendo más al médico o haciendo un mayor uso de medicamentos, por lo que acabaría haciendo falta un control del uso de estos servicios o un racionamiento de los mismos.

    A diferencia de lo que ocurre con la selección adversa, el del riesgo moral tal y como lo formuló Arrow es un problema que se presenta tanto en ámbito de la sanidad privada como en el de la sanidad pública. De hecho, las recientes medidas impuestas por la Generalitat de Cataluña y la Comunidad de Madrid de imponer el pago de 1 € por receta tienen el nada disimulado propósito de frenar el supuesto abuso por parte de los usuarios al acudir al médico para que le recete medicinas a cargo de la Seguridad Social.
  1. En segundo lugar, sostiene Arrow, los servicios sanitarios no pueden probarse antes de utilizarse, como sí puede hacerse con un alimento, una prenda de vestir o un coche, por ejemplo. Una condición esencial para que los mercados actúen de forma eficiente es que la información sea inmediata y lo más amplia posible. Sin embargo, el sanitario es uno de los ámbitos en los que hay un mayor desequilibrio entre la información que maneja el demandante (el enfermo) y el oferente (el médico).
Por tanto, el paciente sufre serias limitaciones para comparar distintos servicios médicos y comparar sus resultados. Por si esto no fuera suficiente, la capacidad de raciocinio de un enfermo o accidentado puede estar seriamente limitada: aunque la enfermedad o el accidente no hayan mermado sus facultades mentales, el peligro de perder la vida no es el ámbito más adecuado para tomar decisiones difíciles.


Por estas razones, la sanidad es un sector cuyo funcionamiento no puede dejarse en manos del libre mercado como sí ocurre con otros sectores básicos como la alimentación o el ocio. De este modo, el sanitario es uno de los sectores más intervenidos en todas las economías del mundo. En muchos países, a través de estrictas regulaciones; en otros, siendo suministrada por el Sector Público.
En principio, la Comunidad de Madrid admite estos supuestos ya que no “liberaliza” el sector sanitario, sino que privatiza la “gestión” de los hospitales y centros de salud. Su argumento principal es que la gestión privada es, por definición, mucho más eficiente que la gestión pública. Sin embargo, esto plantea varios interrogantes:
a)    Cuando el dirigente de un partido político que lleva gobernando más de cuatro legislaturas en una administración afirma que la gestión pública no puede aspirar a ser más eficiente que la gestión privada, ¿no está reconociendo su propio fracaso?
b)    Dado que las empresas privadas que desarrollan una actividad buscan legítimamente obtener un beneficio, ¿es ético dejar que obtengan este beneficio en un servicio público tan vital como la sanidad teniendo en cuenta las implicaciones que puede tener un recorte de costes en esta actividad?
c)     Si el modelo de privatización de la gestión de la sanidad fracasa como ocurrió en la Comunidad Valenciana con el modelo Alzira, ¿correrá el contribuyente con los gastos? ¿cuál sería entonces el coste de esta gestión privada?