jueves, 30 de mayo de 2013

ACERCANDO LA ECONOMÍA: ALEIX SALÓ


Uno de los pocos géneros del sector editorial que aumentó sus ventas cuando comenzó la crisis fue el de los libros de Economía, especialmente los libros divulgativos que intentan acercar al ciudadano de a pie las realidades que se ocultan tras el funcionamiento de la economía. En un contexto como el actual, es normal que la gente quiera saber por qué hemos llegado a esta situación. En esta labor, destaca muy especialmente el nombre de Aleix Saló.

Aleix Saló no es un destacado economista ganador del premio Nobel, ni un extrabajador del sector bancario, ni un profesor universitario con años de experiencia en el mundo de la docencia. Es un joven historietista (es joven, muy joven, nació en 1983) que abandonó sus estudios de arquitectura para dedicarse a lo que más le apasionaba, la historieta, y se labró un pequeño hueco en el mundillo trabajando para la revista El Jueves en 2008.

El éxito le llegó en mayo de 2011, cuando elaboró un cortometraje de animación para promocionar en internet su segundo libro, Españistán (Este País se Va a la Mierda). El vídeo fue un auténtico éxito en internet y lo catapultó a la fama, de forma que la editorial Random House Mondadori se interesó por el autor, del que ya ha publicado otros dos libros: Simiocracia y Europesadilla. En ambos libros, Saló repitió la experiencia de realizar un cortometraje animado para promocionarlos, vídeos que también se convirtieron en fenómenos virales en internet y sirvieron para difundir aún más su trabajo.

Quizás el éxito de Aleix Saló está en no ser un experto, sino un historietista y humorista ágil y lúcido, con un talento muy especial para la sátira más ácida. En cada uno de sus libros o cortometrajes, su capacidad para argumentar, sintetizar y relacionar unos temas con otros queda sobradamente de manifiesto.

En mis últimos años de profesión, siempre he dedicado alguna clase a proyectar los vídeos de Aleix Saló y a entablar conversaciones con los alumnos acerca de lo que les inspira. Me ha parecido muy útil dedicar una entrada del blog a recopilar los vídeos realizados por el autor sobre la crisis (de momento tres, espero que sean muchos más).








Para terminar el post, nada mejor que unas palabras del propio Aleix Saló escritas con ocasión de la publicación de Españistán, aunque igualmente aplicables a cualquiera de ellas:
Saludos. Mi nombre es Aleix Saló. Nací el año 1983 en Ripollet y bla, bla, bla, hasta hoy.
La obra que os presento es producto de mi interés por realizar un relato sobre la realidad vivida en este país los últimos diez años. Una década, a mi entender, que dejará para la posteridad una de las crónicas más completas jamás relatadas sobre mezquindades y bajezas humanas de nuestra historia reciente. Lo que empezó siendo, a principios de los años 2000, el inicio de una prometedora época de bonanzas económicas y libertades sociales ha acabado por mostrarse ante nuestros ojos como un monumental engaño. Un engaño, a la postre, tan burdo como el timo de la estampita.
Analizándolo ahora con cierta prespectiva, podemos apreciar como, mientras la clase media nos recreabamos en el hedonismo low-cost, la élite en el poder se afanaba en afianzar su dominio sobre nuestras vidas, hasta consolidar una suerte de neo-feudalismo disfrazado de capitalismo meritocrático. Porque, no sé si os habréis percatado, pero si vivieramos en un capitalismo real la mayor parte del lobby empresarial y financiero estaría ahora pidiendo limosna en las esquinas (cuando no entre rejas) por culpa de su ineptitud a la hora de gestionar sus negocios. Y si eso no ha sucedido es porque han recurrido a todas las posibles trampas y atajos a que han tenido acceso, con la inestimable ayuda de una clase política mediocre y untada hasta las cejas. Lo peor de todo es que tales trampas (evasión de impuestos, condonaciones de deudas millonarias, sobornos, cohecho…) son perpetradas con tal indisimulo que nos harían enrojecer si no fuera porque ya forman parte del ADN de este país.
Superada la década, y ya en pleno año 2011, lo único que le ha quedado al ciudadano de base es una larga lista de recortes sociales y penurias económicas. La brecha entre ricos y pobres ya no es una brecha, es un abismo. Ya no hay clase media, solo mileuristas. Y por no poder, ya ni siquiera podemos recurrir a la cultura del esfuerzo para progresar, pues ésta ya no es válida en una sociedad que premia el trilerismo por encima de todo.
PD: aquí tenéis un artículo escrito por Aleix Saló en el que responde a algunas críticas que recibió tras la publicación de Españistán. Muy interesante.

PD: y aquí, la web de Aleix Saló.

domingo, 26 de mayo de 2013

ESTÍMULO ECONÓMICO, NO SE TRATA DE GASTAR POR GASTAR...



Como ya sabemos, Europa se ahoga en una espiral de austeridad impulsada por Alemania. A grandes rasgos, aunque siempre es discutible simplificar, la gran disyuntiva en materia de política económica se establece entre los partidarios de la austeridad y los partidarios del estímulo económico:

  • Los partidarios de la austeridad defienden un máximo rigor de las cuentas públicas y afirman que la flexibilización y liberalización de los distintos sectores de la economía (finanzas, mercado de trabajo, prácticas mercantiles, etc.) liberarán un nuevo potencial de crecimiento económico.
  • Los partidarios del estímulo creemos que llevar a cabo políticas de recortes en plena recesión sólo sirve para ahondar en la crisis y crear paro y pobreza. Además, consideramos que esta política puede ser muy contraproducente en la lucha contra el déficit, ya que al mismo tiempo que recorta los gastos también reduce los futuros ingresos.

En todo caso, no debe confundirse ser partidario del estímulo económico con defender el despilfarro. De hecho, desde mi punto de vista, si se lleva a cabo un estímulo adecuado a la vez que se eliminan gastos superfluos y elementos de derroche, es casi seguro que se reducirá el déficit a medio y largo plazo.


Por otro lado, casos concretos de estímulos mal diseñados y/o enfocados han dado alas a los partidarios de la austeridad para defender sus puntos de vista y afirmar que las políticas de gasto no funcionan. Por ejemplo, así pasó con el primer estímulo llevado a cabo por Barack Obama en 2009 o con el Plan E aprobado por Zapatero también en 2009 (en concreto, el Plan E me parece un ejemplo paradigmático de cómo no debe enfocarse un estímulo económico).

Por eso, dedicará la siguiente entrada a describir los requisitos que a mi juicio debe reunir un estímulo para ser útil. Para ello, me basaré en el análisis realizado por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en el libro "Caída Libre. El Libre Mercado y el Hundimiento de la Economía Mundial", aunque lo haré libremente (es decir, obviaré algunos de los requisitos, refundiré otros y añadiré alguno de mi propia cosecha).


Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001.

La idea básica con la que Stiglitz comienza su análisis es que las crisis no destruyen los activos de una economía. Las empresas cierran sus puertas o reducen plantillas, y muchísimas personas pierden su puesto de trabajo, pero los activos reales y los factores productivos de los que dispone la economía siguen siendo básicamente los mismos, especialmente en lo que concierne al capital humano, físico y natural.

Lo que ocurre en una crisis es que se erosiona la confianza, se debilita la seguridad y se desgasta el tejido institucional de la sociedad (es decir, el entramado de empresas, instituciones públicas, familias, etc.). Lo normal es que en los momentos previos al estallido de la crisis se hayan derrochado los recursos (como ocurrió en España, donde una masiva cantidad de terrenos, de capital y de trabajadores se dedicaron al sector de la construcción en vez de otros sectores más productivos y/o sostenibles a largo plazo).

Habitualmente, el estallido de la crisis es el momento en que se producen las mayores pérdidas de riqueza y empleo, ya que el mercado no consigue asignar eficaz y plenamente los recursos y el desempleo sube vertiginosamente. Este es el momento en el que, si se consiguen aplicar las políticas adecuadas, se puede subsanar este fallo del mercado. Por el contrario, si no se llevan a cabo las políticas adecuadas en el momento apropiado se agravarán y prolongarán las consecuencias de la crisis.

Teniendo todo esto en cuenta, un programa de estímulo ha de reunir los siguientes requisitos:

  1. Ha de ser eficaz (ha de tener un elevado multiplicador).
  2. Ha de ser rápido y afrontar las exigencias a corto plazo creadas por la crisis.
  3. Debería centrarse en la inversión y en los problemas del país a largo plazo.
  4. Ha de poder financiarse.

martes, 14 de mayo de 2013

DESAHUCIOS, UNA TRAGEDIA "MADE IN SPAIN".

La sentencia emitida el 14 de marzo de 2013 por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha destapado ante el mundo las vergüenzas del sistema hipotecario español.

  • Por un lado, la sentencia establece que muchos aspectos de la ley española por la que cientos de miles de personas han sido desalojadas de sus casas durante los últimos años no son compatibles con la directiva europea de protección de los consumidores aprobada por la Comisión Europea en 1993.
  • Por otro lado, el Tribunal fija una serie de principios sobre cómo deben interpretar los jueces españoles que una cláusula es abusiva. A partir de ahora, los jueces podrían suspender cautelarmente el proceso de ejecución e impedir desalojos si perciben la existencia de cláusulas abusivas, y los bancos tendrán que cambiar buena parte de las condiciones que incorporan a sus contratos de préstamo hipotecario.

Como ha dejado de manifiesto la sentencia del Tribunal, en ningún otro país occidental están los ciudadanos tan desprotegidos frente a los bancos cuando firman una hipoteca. Hasta ahora, PP y PSOE habían hecho oídos sordos a esta situación alegando que cambiar las reglas del juego supondría un golpe brutal para la estabilidad del sistema financiero.

Ahora que está en la oposición, el PSOE reclama medidas a favor de las víctimas de los desahucios, pero cuando estuvo en el poder no movió un dedo por ellas. Cuando la acumulación de suicidios desató la alarma social, el gobierno de Mariano Rajoy aprobó unas medidas para proteger a las víctimas, pero las condiciones para acogerse a ellas eran tan restrictivas que casi nadie pudo beneficiarse de ellas. Hace poco, forzado por la presión social y gracias al incansable trabajo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el PP aceptó la tramitación parlamentaria de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que proponía la dación en pago. 


Pero, ¿es realmente tan duro con los ciudadanos el modelo hipotecario español? Pues lo cierto es que sí, sobre todo si lo comparamos con los países de nuestro entorno (algo que resulta comprensible si tenemos en cuenta que la ley hipotecaria española data... ¡de 1881!). Para establecer dicha comparación nos centraremos en los tres momentos cruciales del proceso de desahucio: 

  1. La firma de la hipoteca.
  2. El comienzo de los impagos y del proceso de desahucio.
  3. El día después del desahucio.

1. FIRMA DE LA HIPOTECA.

En el momento álgido de la burbuja inmobiliaria, en España era normal firmar hipotecas por el 100% de la vivienda con plazos de amortización de 30, 40... ¡o hasta 50 años! Teniendo en cuenta que los bancos organizan el pago de los préstamos de forma que los primeros años sólo se pagan intereses y la mayor parte de la devolución del principal se produce los últimos años, esto significa que los prestatarios españoles mantenían intactas sus inmensas deudas tras muchos años de ir pagando sus hipotecas.

Si a esto unimos unos intereses de demora estratosféricos (denunciados por el Tribunal de Justicia de la UE), podemos afirmar que en la mayoría de los países europeos no se habrían firmado muchas de las hipotecas que se contrataron en España. Por ejemplo, ninguna hipoteca alemana puede cubrir el 100% del valor de la vivienda, sino que se exige un depósito mínimo del 30%, y se examina a fondo la viabilidad de la operación.



2. COMIENZO DE LOS IMPAGOS Y DEL PROCESO DE DESAHUCIO.

jueves, 9 de mayo de 2013

FUGA DE CAPITALES LOW COST (o cómo salvar mis ahorros si soy pobre)

Por si no lo habíais notado, estamos en crisis. Perdón, me he equivocado... lo que quería decir es que estamos en CRISIS. Según muchos especialistas, la peor desde la Gran Depresión de los años treinta, y lo cierto es que en muchos aspectos es incluso peor (por ejemplo, la cifra de paro en Estados Unidos en el punto álgido de la Depresión estaba en torno al 23%, mientras que en España nos encaminamos alegremente al 30%).

En esta situación, es lógico que la gente esté asustada. Posibilidades hasta hace poco impensables como la salida del euro, la quiebra de un banco importante o un corralito ya no son tan inverosímiles (qué demonios, ¿acaso no acaba de haber un corralito en la Unión Europea?). Al ser profesor de economía, es normal que muchos amigos y compañeros me pregunten sobre cómo salvaguardar sus ahorros, aunque por desgracia no es mucho lo que les puedo decir (como les digo a mis alumnos, estudiar Economía no me sirvió para hacerme rico, sino para saber por qué soy pobre).



Hay amigos y familiares de afectador por las preferentes que me han preguntado qué pueden hacer en su situación. En este caso, bien poco les puedo aconsejar. Si el afectado firmó un contrato y no es prácticamente analfabeto lo tienen bien cogido. Lo único que les puedo decir es que busquen una asociación de afectados y que se unan a ella para buscar apoyo, asesoramiento, emprender acciones conjuntas, etc.

Otra pregunta muy recurrente es cómo proteger nuestros ahorros de la quiebra de un banco. En principio, los depósitos y cuentas corrientes de los ahorradores están garantizados hasta los 100.000 € por el Fondo de Garantía de Depósitos, pero yo no confiaría mucho en él. Al cierre de 2011 ya estaba en números rojos al haberse dedicado a la recapitalización del sistema financiero. Si ocurre lo peor y cae una entidad como Bankia, lo cierto es que no habría dinero suficiente para compensar a todos sus depositantes.

Otra gran preocupación es que se produzca un corralito o una salida del euro. Lo primero que debo decir es que, en mi opinión, el caso español no es como el chipriota: aquí, la salida del euro y el corralito vendrían cogidos de la mano. El problema de Chipre se debía a un sector bancario sobredimensionado debido a que el país era un paraíso fiscal. En España, el corralito vendría como consecuencia de la salida del euro.

No voy a explicar cómo sería la salida del euro. Para eso, os recomiendo que leáis esta magnífica entrada del blog Principia Marsupia, donde se explica con sencillez y claridad. Lo que sí diré es que una salida del euro y el regreso de la peseta supondría su devaluación inmediata (tanto para ganar competitividad como por la propia dinámica de los mercados de divisas). En la práctica, los ahorradores perderían de un plumazo la mitad de su dinero (se dice que la peseta se podría devaluar un 50%, aunque hay opiniones más optimistas, como la del banco de inversión Nimura, que fija esta devaluación "sólo" en el 35%).

Lógicamente, el temor a que esto ocurriera provocaría una inmediata fuga de capitales, y para evitarla se implantaría un corralito, una medida por la cual se limita la cantidad de dinero que se puede sacar al mes o a la semana de cada cuenta bancaria.


Los ricos ya se han dado cuenta de que la cosa pinta mal y como ratas que abandonan el barco llevan un tiempo sacando su dinero de España. En efecto, sólo en 2012 salieron de España más de 179.000 millones de euros. Esta masiva fuga de capitales se ha dirigido hacia tres países fundamentalmente: Estados Unidos, Reino Unido y Suiza. Tres países fuera de la eurozona y a salvo de cualquier pacto intracomunitario que pueda poner en peligro sus ahorros.

Pero... ¿y qué pasa con los pobres? ¿Hay alguna manera de que puedan proteger sus ahorros? Examinemos las posibles alternativas que tienen a su disposición:


1. SACAR EL DINERO DEL BANCO (fácil pero arriesgado)

Es quizás la opción más obvia. Si no queremos arriesgarnos a que nuestro banco quiebre, a que bloqueen nuestras cuentas o incluso a que nos quiten nuestro dinero (como amagaron con hacer en Chipre), lo más fácil es sacar el dinero del banco. Además, la animadversión generalizada hacia los bancos ha hecho que mucha gente se plantee esta opción al margen de corralitos, devaluaciones y demás catástrofes. Incluso han aparecido en el mercado productos de lo más llamativo, como cajas de seguridad incrustadas en colchones.
Vayamos a los inconvenientes. Por supuesto, si el gobierno pone en marcha un corralito lo hará sin avisar, así que si queréis retirar el dinero del banco tendréis que empezar con tiempo. Además, los bancos ponen pegas a las retiradas masivas de dinero y exigen que se avise con varios días de antelación. Por motivos de seguridad, con una tarjeta se puede sacar un máximo de 600 € al día (es decir, que necesitaríais diez días para retirar 6.000 €).

Evidentemente, siempre habrá que dejar algo de dinero en el banco para hace frente a los recibos y domiciliaciones, e incluso puede ser que el gobierno limite las operaciones con efectivo, lo que os podría hacer pasar auténticas penurias (en el caso de salida del euro, el Banco de España estamparía un sellito a los euros que circulasen de forma transitoria hasta la vuelta física de la peseta, por lo que puede ser que los euros que hayáis acumulado no tengan salida hasta después de mucho tiempo). Por supuesto, perderíais los intereses que ahora mismo estéis cobrando y vuestro dinero iría perdiendo valor por culpa de la inflación, aunque con los intereses que se pagan ahora mismo eso no deja de ser un mal menor.

Desde luego, el mayor inconveniente es el riesgo de perder el dinero o que te lo roben. En este sentido, hay que ser especialmente cuidadoso, muy discreto y, sobre todo, buscar un buen escondite (y no seáis cutres, que el calcetín, el colchón o la baldosa están muy vistos). Y claro está, siempre cabe la posibilidad de que al final no pase nada, ni quiebra bancaria, ni salida del euro, ni corralito ni nada de nada, por lo que habríamos corrido todos estos riesgos de forma innecesaria.


2. INVERTIR EN ORO O EN MATERIAS PRIMAS (fácil pero arriesgado).

lunes, 29 de abril de 2013

ESPAÑA DESTINO TERCER MUNDO

Las últimas semanas, cada vez que paso por una librería miro si tienen el libro "España destino Tercer Mundo", de Ramón Muñoz. Hace un par de meses, oí una entrevista al autor en la radio y me interesó lo suficiente como para decidirme a comprar el libro.


Indagando sobre él en internet he encontrado esta entrevista que no tiene desperdicio. Eso sí, no apta para cardíacos o gente con problemas de depresión...


PD: aquí tenéis un artículo sobre el libro escrito por el propio autor en EL PAÍS (medio en el que trabaja como periodista).

miércoles, 24 de abril de 2013

ADAM SMITH, ¿MAHOMETANO?




La figura de Adam Smith es bien conocida por todo aquel que esté mínimamente versado en cuestiones económicas. No en vano, Smith es considerado el fundador de la Economía con la publicación de su obra "La Riqueza de las Naciones" en 1776 (para los amantes de los datos históricos, el mismo año que tuvo lugar la Declaración de Independencia de Estados Unidos).

Mucho ha llovido desde entonces, y aunque los economistas posteriores a Adam Smith han desechado muchos de los elementos incluidos en "La Riqueza de las Naciones", como su recelo hacia las sociedades anónimas o su teoría del valor-trabajo, otros muchos son ampliamente aceptados, cuando no reverenciados, por gran parte de los economistas actuales, especialmente los economistas liberales.

Uno de los conceptos más célebres que introdujo Adam Smith es sin duda el de la "mano invisible". Según Smith (del que conviene saber que en su época no era conocido como economista, sino como catedrático de filosofía moral), la Divina Providencia había dispuesto las cosas de tal manera que nuestra persecución del propio beneficio, en un mercado sin restricciones, sería guiada "como por una mano invisible" para promover el interés general.

Como filósofo y como economista, Adam Smith es continuador de la tradición liberal de filósofos como John Locke, según el cual los gobiernos nacen por la necesidad de proteger la propiedad privada y cuando mejor funcionan es cuando se limitan a ejercer esa función. Desarrollando aún más este argumento, Smith afirmaba que la propiedad, el dinero y los mercados no sólo existieron antes que las instituciones políticas, sino que eran de hecho las bases mismas de la sociedad humana. Según Smith, si el gobierno tiene alguna función económica es la de garantizar el funcionamiento de los mercados y la estabilidad de la moneda nacional.

Para Smith, la base de la vida económica era la propensión humana a intercambiar, a permutar unas cosas por otras. En  sus propias palabras, "nadie ha visto jamás a un perro intercambiar deliberadamente un hueso con otro perro". Pero inevitablemente, si dejamos a los seres humanos a su libre albedrío intentarán intercambiar, comparar y negociar,buscando siempre obtener la mayor ventaja del intercambio.

Dicho impulso a intercambiar es el que da lugar a la división del trabajo, según Smith el fenómeno responsable de todos los logros de la civilización humana. Precisamente, Adam Smith inicia "La Riqueza de las Naciones" con la descripción de la división del trabajo en una fábrica de agujas.

A muchos de vosotros os parecerán familiares estos conceptos, pues están en el centro del ideario de muchos economistas actuales. Lo que quizás os sorprenda es que, si hacemos un repaso histórico por las distintas civilizaciones que se han sucedido en el mundo, la que se comportó de forma más acorde a los principios de Adam Smith fue... el islam medieval.


domingo, 14 de abril de 2013

OZ, UN MUNDO DE FANTASÍA... ¿O NO?

El mes pasado se estrenó la película Oz, un Mundo de Fantasía, un acercamiento del director San Raimi al mágico mundo de Oz. El mundo de Oz nace con la publicación en 1900 de la novela El Maravilloso Mago de Oz, escrita por L. Frank Baum, y es hoy un relato conocidísimo por todos, pero... ¿sabíais que en realidad es una parábola económica de los Estados Unidos de principios del siglo XX?




En efecto, según escribió Hugh Rockoff en su artículo "El Mago de Oz como alegoría monetaria" (publicado en Journal of Political Economy nº 98) y mencionaron Paul Krugman y Maurice Obstfeld en su ensayo Economía Internacional, El Maravilloso Mago de Oz, libro escrito por Frank Baum en 1900, es una alegoría de la lucha entre los partidarios del patrón oro y los partidarios del bimetalismo en los Estados Unidos de finales del XIX y principios del XX.



Los partidarios del bimetalismo querían sustituir el patrón oro que regía la política monetaria de la época por un doble patrón oro-plata, que permitiera la creación de más dinero y dotase de más liquidez a la economia (curiosamente, más de cien años después hemos asistido a una reivindicación muy similar cuando Mariano Rajoy solicitó una mayor inyección de liquidez al BCE).

Uno de los colectivos que más reivindicaba este cambio de patrón monetario era el de las familias granjeras del Medio Oeste, terriblemente endeudadas y acosadas en la última década del XIX por una ola de ejecuciones hipotecarias que los expulsaba de sus tierras. Los principales yacimientos de plata de Estados Unidos se encontraban precisamente en el Medio Oeste, de modo que la adopción del patrón oro-plata se veía como el paso lógico hacia la libre creación de dinero por parte de los bancos locales, un movimiento que permitiría escapar del yugo de los grandes bancos de Nueva York y de la Costa Oeste.



La familia de Dorothy, natural de Kansas, podría ser perfectamente una de estas familias granjeras del Medio Oeste, pero las similitudes con la realidad son muchas más:

  • Las Brujas malvadas del Este y el Oeste representarían a los banqueros de la Costa Este y de la Costa Oeste, beneficiarios del escaso suministro de dinero y los mayores defensores del mantenimiento de la situación.
  • El Espantapájaros representaría a los granjeros que no tuvieron cerebro para evitar caer en la trampa de los banqueros.
  • El Hombre de Hojalata representaría a los trabajadores de la industria, que no tuvieron corazón para solidarizarse con los granjeros.
  • El León Cobarde representaría a la clase política, que no tuvo el coraje necesario para intervenir.
  • El camino de baldosas amarillas representa las falsas promesas de oro.
  • El nombre del país mágico de Oz se habría obtenido de la abreviatura de "onza" (de oro, por supuesto).
  • En el libro, los zapatos de plata representaban el camino de vuelta a casa (aunque en la película que dirigió Victor Fleming y protagonizó Judy Garland los zapatos de plata se cambiaron por unos zapatos rojos).
  • Y para finalizar, el Mago de Oz podría ser una representación de William Jennings Bryam, que optó a la presidencia de Estados Unidos por la Plataforma por la Plata. Curiosamente, así como el Mago de Oz era un farsante, Jennings fracasó tres veces en su intento de llegar a la presidencia y el patrón oro-plata no llegó a adoptarse.
Cabe destacar que Frank Baum nunca admitió que su novela tuviera un trasfondo económico, pero incluso quienes aceptaban que este no fuera intencionado admitían este significado. Hoy en día, más de cien años después de su escritura, poca gente lo sabe, pero no deja de ser curiosa esta lectura alternativa del Mago de Oz, ¿verdad?



Con el paso del tiempo y las distintas adaptaciones, El Mago de Oz no sólo ha sido objeto de lecturas económicas. En su cómic Lost Girls, por ejemplo, Alan Moore presentaba el tornado que transporta a Dorothy al mundo mágico de Oz como una metáfora de su primer orgasmo, a partir del cual el mundo se convirtió en una explosión de vida y color.
PD: Reconozco que yo tampoco conocía esta visión del Mago de Oz como una parábola económica. La descubrí leyendo el libro En Deuda, de David Graeber. Para una información más detallada de la campaña de W.J. Bryan podéis leer este enlace.

viernes, 12 de abril de 2013

HOMENAJE A JOSÉ LUIS SAMPEDRO


No recuerdo cuándo descubrí a José Luis Sampedro, pero sí recuerdo el impacto que me causó.

Vista en retrospectiva, mi formación económica fue muy deficiente. Como máximo, te preparaban para trabajar en un banco o, si eras un auténtico triunfador, en auditoras como Arthur Andersen, pero apenas puedo citar un par de profesores y/o asignaturas en las que intentasen educarnos en valores.

Para que os hagáis una idea, recuerdo cómo en Economía de la Empresa de 1º, el profesor nos contaba anécdotas de Mario Conde poniéndolo como ejemplo de gran empresario de éxito (al año siguiente, el Banco de España intervenía Banesto), y también recuerdo cómo en Estructura Económica de 3º se examinaban los términos del Tratado de Maastricht como si fuera una obra maestra de la política económica (no creo que hoy sigan diciendo lo mismo. O sí, quién sabe). ¡Ah, y Arthur Andersen desapareció años después cuando se vio envuelta en un escándalo de corrupción!

Y un día, en la radio, escuché una entrevista de Iñaki Gabilondo a José Luis Sampedro. Y me fascinó.

Hasta entonces, sólo sabía de él que era un escritor de cierto éxito, premio Planeta y académico de la lengua. En esa entrevista descubrí a un gran economista, filósofo y humanista. Y sobre todo, a una persona cercana, entrañable, a un gran sabio.

Como tanta gente, he sentido mucho su muerte, porque sobre todo, José Luis Sampedro era una persona muy querida. Estoy seguro de que en otras páginas le dedicarán merecidísimos homenajes. Yo no me considero capacitado para brindarle una dedicatoria a la altura de lo que él merece, así que cerraré el círculo enlazando una entrevista con Iñaki Gabilondo como aquella que tanto me fascinó.

Hasta siempre, José Luis. Ojalá hubieras sido mi profesor de Estructura Económica, aunque en muchos aspectos de la vida has sido un maestro para mí.



PD: En el magnífico blog Economía en dos tardes dedican su propio homenaje a José Luis Sampedro, desglosando el contenido de una conferencia que dio en 1987. No os lo perdáis, es un estupendo resumen de muchas de las ideas que repetía Sampedro.

PD II: El programa Hoy por Hoy, precisamente el programa en el que descubrí a José Luis Sampedro, le ha dedicado diversos homenajes esta semana. Entre ellos, destaca la semblanza que de su figura hacen Emilio Ontiveros y Joaquín Estafanía, el perfil que traza Emilio de la Peña y, cómo no, la despedida de Iñaki Gabilondo.


domingo, 7 de abril de 2013

PLANES PRIVADOS DE PENSIONES, NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

Las pensiones son uno de los caballos de batalla más recurrentes cuando se trata de velar por la "sostenibilidad" de las cuentas públicas. La última reforma se llevó a cabo en 2011, en uno de los últimos coletazos del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Básicamente, dicha reforma incluía entre otras las siguientes medidas:

  • ampliar la edad legal de jubilación de los 65 a los 67 años.
  • aumentar de 35 a 37 años el período necesario para acceder a una pensión completa.
  • ampliar el período de cálculo de la base reguladora de los 15 a los últimos 25 años de vida laboral del trabajador.
  • introducir un factor de sostenibilidad que cada cinco años revise todos los parámetros del sistema en función de la evolución de la pirámide de población.


Al final, el resultado de todas estas medidas es el mismo: reducir la duración y la cuantía de las futuras pensiones. Es decir, los actuales trabajadores y futuros pensionistas soportarán toda la carga de la reforma.
Por mi parte, aun reconociendo que la viabilidad del sistema público de pensiones es cada vez más complicada, me gustaría hacer dos matizaciones:

  1. Es cierto que en la situación actual, garantizar el pago de las pensiones futuras es cada vez más difícil, pero gran parte de ese problema se debe al lamentable estado del mercado de trabajo español. Con una tasa de paro superior al 25% no hay ningún sistema de pensiones que sea viable. Si el paro continúa aumentando, las pensiones tendrán que financiarse con las cotizaciones de menos trabajadores que a su vez tendrán empleos más precarios, con menores salarios sobre los que aplicar el tipo de cotización. Luchar por el empleo y por la calidad de los puestos de trabajo es, al mismo tiempo, luchar por la viabilidad del sistema de pensiones.
  2. Hasta ahora, todas las reformas del sistema de pensiones se han centrado en un único aspecto: los gastos del sistema. Sin embargo, tan importante como contener los gastos es incrementar las fuentes de ingresos.
Una forma de aumentar los ingresos sería reducir el paro (a más trabajadores, más cotizantes), pero no es a esto a lo que me refiero. El Pacto de Toledo, que es un acuerdo firmado en 1995 entre los partidos políticos sobre el sistema de pensiones, establece que las cotizaciones sociales serán la única fuente de financiación de las pensiones. Sin embargo, afirmar que las pensiones deben financiarse sólo con cotizaciones es una cuestión más ideológica que científica. Utilizar los impuestos para pagar las pensiones que la sociedad considere justas me parece completamente legítimo (mucho más que construir aeropuertos sin aviones o trenes para ejecutivos, desde luego).

Pero ni este ha sido el enfoque seguido hasta ahora en las sucesivas reformas del sistema de pensiones ni parece que lo vaya a ser en el futuro. En su lugar, la solución ofrecida por autoridades y "expertos" es otra muy distinta: complementar las pensiones públicas con planes de pensiones privados.

¿En qué consisten los planes de pensiones? Básicamente, un plan de pensiones privado es un fondo en el que el trabajador deposita unos pagos periódicos para recibir una pensión cuando se jubile. Las aportaciones que realiza el trabajador no se inmovilizan en ninguna especie de cuenta o plazo fijo, sino que una gestora se encarga de invertirlas para obtener de ellas el máximo rendimiento (y así poder pagar una mayor pensión en el futuro). Actualmente, en España operan 573 fondos, gestionados en su mayoría por aseguradoras y entidades financieras (bancos y cajas de ahorros, vaya).

La verdad es que estoy un poco cansado de leer y oír que el sistema público de pensiones es insostenible y que los planes de pensiones privados son la panacea, así que me gustaría dedicar esta entrada a poner de manifiesto las lagunas de los fondos de pensiones, que las tienen (vaya que si las tienen). Y es que no es oro todo lo que reluce:

miércoles, 27 de marzo de 2013

ILUMINANDO EL RECIBO DE LA LUZ

Aunque nunca fue mi intención escribir un blog de actualidad es inevitable que ésta acabe influyendo en los temas a tratar. Así, la inmensa mayoría de las entradas publicadas hasta el momento (y la mayoría de las que vendrán) abordan el tema de la crisis.

Sin embargo, después de publicar por entregas mi artículo sobre la crisis de las hipotecas subprime y antes de centrarme en otros aspectos de la crisis, me ha parecido bien cambiar de tercio y abordar algún tema cotidiano pero poco conocido por la mayoría de la gente… ¿Qué os parece si hablamos de la factura de la luz?

Este tema se me ocurrió hace una semana, cuando leí la noticia de que el recibo de la luz bajará en abril un 6’7%, una excelente noticia dado el historial de subidas de la factura de la luz (más de un 70% de aumento en los últimos seis años) y que los españoles pagan el recibo de la electricidad más caro de Europa, solo superado por el de Malta y el de Chipre (sí, habéis leído bien, Chipre). Pero no lancéis las campanas al vuelo, porque el descontrol del sector energético español es coloshal, como diría Mariano Rajoy, y lo único que nos espera a largo plazo son subidas sobre subidas a menos que se tomen medidas drásticas de reordenación del sector.

Pero no divaguemos, el objeto de esta entrada es explicar de la forma más sencilla posible las distintas partidas que se incluyen en la factura de la luz. Para ello, nos basaremos en un recibo real de la compañía Iberdrola. Es posible que el nombre de los conceptos que voy a explicar cambie de una compañía a otra, pero básicamente son los mismos. Si tenéis una factura a mano, cogedla e ir repasando los distintos conceptos uno por uno a medida que los vaya explicando... ¡Comenzamos!

  1. Potencia contratada: es una cantidad fija a pagar se consuma o no, también denominada “término de potencia”. Depende de la potencia contratada por el cliente, y se obtiene multiplicando dicha potencia por un coeficiente fijado por el gobierno. En principio, garantiza que el usuario podrá utilizar toda la potencia contratada cuando la necesite. Cuando un cliente contrata muy poca potencia, es normal que se le vaya la luz si conecta el aire condicionado y la plancha al mismo tiempo.
  2. Energía consumida: se corresponde con el consumo de electricidad. Se obtiene multiplicando los kilowatios consumidos por su precio unitario. El precio unitario del kilowatio que se cobra a las familias se denomina Tarifa de Último Recurso (TUR). Igualmente, las compañías que suministran electricidad a los consumidores reciben el nombre de Compañías Comercializadoras de Último Recurso. Técnicamente, la tarifa de último recurso es el precio de la electricidad suministrada a aquellos usuarios que tengan contratada una potencia máxima de 10 kilowatios (en la práctica, es la tarifa que se cobra a las familias, puesto que las empresas contratan más potencia). La Tarifa de Último Recurso es revisada y aprobada por el gobierno.
  3. Impuesto sobre Electricidad: es un impuesto especial, similar a los que soportan el tabaco, el alcohol y la gasolina. Se aplica tanto al consumo como a la potencia. En principio, lo implantó el gobierno de José María Aznar en 1997 como medida temporal para financiar la reconversión del sector minero, pero hace tiempo que se considera un impuesto permanente. Es un impuesto cedido a las Comunidades Autónomas.
  4. Alquiler equipos de medida: es la cantidad que cobran las compañías eléctricas por la cesión y el mantenimiento de los contadores.
  5. IVA: nuestro querido impuesto sobre el valor añadido no necesita presentación. En septiembre de 2012 pasó del 18% al 21%. Un detalle interesante que a mucha gente se le pasará por alto es que el IVA grava TODOS los aspectos anteriores. Es decir, también grava lo que hayamos pagado en concepto de impuestos especiales. Que el IVA grave el consumo de bienes y servicios me parece fastidioso pero lógico; que grave el pago de impuestos indirectos me parece una sinvergonzonería y una inmoralidad.

jueves, 14 de marzo de 2013

LECCIONES DE HISTORIA: LA CRISIS DE LAS HIPOTECAS SUBPRIME (CAPÍTULO V)

CONCLUSIONES



El 15 de septiembre de 2008 quebró Lehman Brothers, uno de los principales bancos de inversión de Estados Unidos. Desde entonces, con el pánico extendiéndose por todo el sistema financiero y ante el miedo a la quiebra de más bancos, los gobiernos de todo el mundo han acudido al rescate de innumerables entidades financieras. Las cifras de los rescates han sido escalofriantes (tan sólo Estados Unidos ha dedicado desde 2007 cinco billones de dólares a este fin), lo que ha provocado problemas de déficit y deuda pública en casi todos los países del mundo (muy especialmente en Europa [1]). En la sociedad hay un encendido debate sobre lo adecuado de estos rescates, sobre todo desde capas sociales que ven cómo sus derechos y prestaciones son recortados para ajustar las cuentas públicas.

Los bancos afirman que el suyo es sólo un problema de liquidez. Un banco (o cualquier empresa) es solvente pero está falta de liquidez si sus activos (es decir, sus bienes y derechos) son mayores que sus deudas pero a pesar de ello no dispone de fondos. Se supone que si dispusiera del tiempo suficiente, podría hacer frente a esas deudas con la venta de esos activos. Sin embargo, es muy posible que años de comportamiento temerario hayan dejado a muchos bancos en una quiebra efectiva. Los bancos tienen en su poder una gran cantidad de viviendas cuyo valor es muchísimo menor que aquel al que estaban contabilizadas, lo que supone unas enormes pérdidas sin contabilizar. Además, a día de hoy todavía siguen ejecutándose hipotecas y la materia oscura en la que se han convertido los productos financieros derivados de las mismas sigue extendiéndose por todo el sistema financiero. Todavía se necesitará un tiempo antes de poder evaluar los verdaderos estragos sufridos por el sistema financiero.

En última instancia, el éxito del sector financiero debería medirse por el bienestar que proporciona a los ciudadanos, tanto porque se asigna mejor el capital como porque se gestiona mejor el riesgo. Por tanto, cuando se ven problemas tan generalizados como los que han aquejado al sistema financiero sólo se puede llegar a una conclusión: los problemas son sistémicos.

Es necesario emprender reformas para prevenir que estos mismos acontecimientos puedan repetirse en el futuro. Cuando planteamos la necesidad de acometer reformas, es esencial establecer las responsabilidades del desastre. A nuestro juicio, son responsables de la crisis...

  • los líderes políticos, que en lugar de tomar medidas anticíclicas cuando comenzó a hincharse la burbuja prefirieron anotarse el tanto de unos datos económicos engañosos y muy peligrosos [2].
  • los supervisores bancarios, por su apuesta suicida por la desregulación financiera.
  • los directivos de las entidades financieras, por su ambición y su falta de visión.
  • las agencias de calificación, tanto por su incompetencia [3] como por su ambición y afán de enriquecimiento, sumándose sin rubor a las prácticas imprudentes y avariciosas del sector financiero.
A menudo, se repite machaconamente la idea de que también las familias son responsables de la crisis, ya que firmaron hipotecas que no podían permitirse, contribuyendo de forma irresponsable y decisiva a hinchar la burbuja. A nivel nacional, esta es la idea que se transmite cuando se dice, por ejemplo, que "los españoles han vivido por encima de sus posibilidades".

Desde mi punto de vista, este tipo de afirmaciones constituyen una criminalización en toda regla de las mayores víctimas de esta crisis, ya que tratan de vender a la opinión pública la imagen de que las familias se comportaron como un colectivo avaricioso que corrió a comprar casas atraído por los créditos baratos y que ahora exige a la sociedad que le resarza de su mal comportamiento con medidas como la dación en pago, que pondrían en peligro la estabilidad de todo el sistema financiero.

En mi opinión, la realidad ha venido a demostrar justamente lo contrario, que las familias son el colectivo más vulnerable y han estado completamente indefensas y abandonadas por el poder político, que siempre acaba poniéndose de parte del lobby financiero y bancario que dicta e impone su ley y cuenta con un enorme influencia mediática (de ahí que haya tantos periodistas que afirmen que la dación en pago sería una barbaridad que sólo conseguiría derribar nuestro sistema financiero).

Tengamos en cuenta además que gran parte de las familias no tenían ningún conocimiento financiero y depositaron toda su confianza en los empleados de sus oficinas bancarias (en el caso español, más que en el problema de las hipotecas, este aspecto es especialmente doloroso en la estafa de las participaciones preferentes). Muchas familias fueron engatusadas (cuando no directamente engañadas) para firmar unos préstamos mucho más arriesgados de lo que hubieran estado dispuestos a aceptar si hubieran sido conscientes de los riesgos que asumían.

En este sentido, una buena medida a adoptar por parte de los gobiernos sería vigilar más estrechamente la comunicación entre las entidades bancarias y sus clientes y qué información se debe aportar cuando se comuniquen las características de un crédito o cualquier otra operación. Otra medida muy importante sería invertir en educación, puesto que es mucho más difícil engañar y aprovecharse de gente preparada que de gente sin un adecuado nivel de educación.

Desgraciadamente, no parece que se estén adoptando muchas medidas ni en esta ni en otras direcciones. Muchos gobiernos se hayan atados de pies y manos: tanto los rescates financieros como el desmoronamiento de la economía real le ha hecho incurrir en enormes déficits, y se encuentran asfixiados por los intereses que les cobran los mismos mercados financieros que originaron el problema y que se supone que habría que reformar. Y aún más importante, en un mundo tan globalizado como el nuestro, donde el dinero es el bien que más rápido se desplaza de un sitio a otro, es imposible abordar una gran reforma de los mercados financieros de forma aislada, sino que sería necesario un gran consenso internacional como ocurrió con la firma de los acuerdos de Bretton Woods al finalizar la II Guerra Mundial.

Y hasta aquí el resumen de lo acontecido hasta 2008. Desde entonces, la crisis ha seguido extendiéndose y transformándose. Lo que a finales de 2008 era una crisis del sector financiero que amenazaba con contaminar al resto de la economía se ha convertido en la actualidad en una profunda crisis de la economía real, en la que asistimos al continuo cierre de empresas y al aumento de desempleo. Por otro lado, la crisis del sector financiero también ha evolucionado: de ser una crisis soportada por las entidades financieras ha pasado a afectar a los propios países, inmersos en una auténtica crisis de deuda pública, que pone en peligro su capacidad para conseguir dinero y para luchar contra los efectos de la crisis en la economía real.

Sería mi deseo aportar una visión más positiva en futuros artículos. Espero que sea así.



ÍNDICE DE CAPÍTULOS:





[1] El problema de la deuda pública es especialmente grave en los países de la zona euro. Al ceder su política monetaria al Banco Central Europeo han perdido una herramienta fundamental de su política económica, y unos estatutos especialmente rígidos por parte del Banco Central le han impedido hasta el momento acudir en ayuda de países agobiados por el pago de la deuda.
[2] Esta responsabilidad está compartida tanto por los gobiernos estadounidenses de Clinton y Bush como por los españoles de Aznar y Zapatero, que presumían de una bonanza económica que no sólo era falsa, sino que era el preludio y la futura causa de una crisis sin precedentes.
[3] Tres semanas antes de la quiebra de Lehman Brothers, esta entidad gozaba de muy buenas calificaciones por parte de estas agencias.

domingo, 10 de marzo de 2013

LECCIONES DE HISTORIA: LA CRISIS DE LAS HIPOTECAS SUBPRIME (CAPÍTULO IV)

LA EXPLOSIÓN DE LA BURBUJA


donde se cuenta cómo explotó finalmente la burbuja inmobiliaria y los precios de la vivienda cayeron en picado, dejando a los bancos con pérdidas millonarias, a miles de familias en la calle y a millones de trabajadores en el paro.



En 2003, con los tipos de interés al 1%, sólo había una dirección hacia la que estos podían ir: hacia arriba. Y así fue, pues el tipo de interés llegó hasta el 5'25% en 2006. De repente, millones de personas se encontraron con que habían suscrito hipotecas que no podían permitirse (entre 2001 y 2007, el número de familias norteamericanas con cargas graves -que pagaban por su vivienda más de la mitad de sus ingresos- aumentó en más de cuatro millones).

Cuando las personas que vieron que no podían seguir pagando su hipoteca intentaron vender sus casas, la burbuja se rompió y los precios de la vivienda cayeron en picado. La explosión de la burbuja a principios de 2007 afectó primero a las peores hipotecas, pero muy pronto afectó a toda la propiedad inmobiliaria residencial: quienes habían suscrito hipotecas del 100% debían más dinero de lo que valía su casa, pero a medida que caían los precios de las casas, lo mismo le ocurrió a las personas que habían contratado hipotecas del 90% e incluso del 80%. El impago era la única opción para millones de personas, que perdieron sus hogares y cualquier capital que hubieran aportado.

Cuando estos millones de personas dejaron de pagar sus hipotecas, los productos financieros derivados de ellas perdieron de inmediato su valor, ya que dichas hipotecas dejaron de proporcionar los flujos de dinero que recibían los cobradores de los paquetes CDO y MBS. Miles de fondos de inversión y de pensiones de todo el mundo perdieron de la noche a la mañana todo el capital invertido en estos productos, que se habían revelado como auténtica basura.

Pero también los bancos se vieron engullidos por el remolino financiero. Quizás cegados por los beneficios, los bancos mantenían muchos paquetes de hipotecas en sus balances, de modo que también afrontaron enormes pérdidas con la ruptura de la burbuja. Además, el valor de su cartera inmobiliaria se redujo drásticamente mientras que las deudas que habían contraído permanecían intactas. Así, los bancos comenzaron a registrar pérdidas multimillonarias y se inició una auténtica debacle financiera. Inicialmente fueron los bancos estadounidenses los que empezaron a sufrir pérdidas gigantescas, pero el proceso se extendió con rapidez por todo el mundo, ya que las finanzas internacionales son sin duda alguna la faceta más globalizada de la economía.

La complejidad del proceso de titulización, combinada con la rapidez con la que la situación iba deteriorándose y el alto nivel de endeudamiento de los bancos significaba que ni estos sabían si lo que debían a sus depositantes y acreedores excedía el valor de sus activos (es decir, sus bienes y derechos). Cada uno de ellos sabía lo precaria que era su situación, pero sólo podían adivinar lo precaria que era la situación de los demás bancos. Por consiguiente, se evaporaron la seguridad y la confianza en la que se basa el sistema bancario. Los bancos se negaron a prestarse dinero unos a otros, o exigían elevados tipos de interés, con lo que se dermoronaron los mercados mundiales de crédito. Cuando la diferencia entre el tipo de interés interbancario [1] y el interés de la deuda pública estadounidense se elevó drásticamente en agosto de 2007, quedó claro que los bancos norteamericanos no se fiaban unos de otros.

Pronto, los bancos dejaron también de dar crédito a empresarios y consumidores, lo que supuso un auténtico desastre para la economía. La carencia de financiación que se fue extendiendo por todo el mundo hundió sin remedio los mercados, paralizó casi por completo a millones de empresas y dio lugar a que las familias redujeran su gasto en consumo, que al fin y al cabo es de lo que viven las empresas. 




ÍNDICE DE CAPÍTULOS:



[1] El tipo de interés al que los bancos se prestan dinero entre ellos en el mercado interbancario.

sábado, 2 de marzo de 2013

LECCIONES DE HISTORIA: LA CRISIS DE LAS HIPOTECAS SUBPRIME (CAPÍTULO III)

LA TITULIZACIÓN

donde se cuenta cómo los bancos crearon "paquetes" donde metieron las hipotecas que habían concedido y los vendieron por todo el mundo, distribuyendo a lo largo y ancho del mundo hipotecas que habían concedido a personas sin empleo ni recursos económicos.


Los bancos ofrecían tantos créditos que empezaban a quedarse sin liquidez. Como se representaba en la figura 1 (capítulo 1), los bancos conceden préstamos con el dinero que las familias les ceden en forma de depósitos. Sin embargo, el boom hipotecario era de tal magnitud que no bastaba con los depósitos de las familias. Para conseguir recursos, los bancos acudían al mercado interbancario, en el que se prestan dinero unos a otros, y como todos los bancos estadounidenses estaban inmersos en la fiebre inmobiliaria, eran bancos de otros países los que les suministraban los recursos que necesitaban.

Además, los bancos norteamericanos comenzaron a incumplir las Normas Contables de Basilea, según las cuales los préstamos concedidos por un banco no pueden superar un determinado porcentaje de su balance. Para cumplir esta normativa y conseguir la liquidez que necesitaban para seguir concediendo préstamos, recurrieron a la titulización.

Los bancos crearon unos productos financieros denominados CDO (Collateralized Debt Obligation -Obligaciones de Deuda Colateralizada-). Los CDO eran unos "paquetes" donde se incluían hipotecas de todo tipo junto a otros activos bancarios (préstamos para el consumo, créditos a estudiantes, etc.). Los CDO formados por hipotecas se denominaron MBS (Mortgage Backed Securities -Obligaciones Garantizadas con Hipotecas-) y, como cualquier activo financiero, eran títulos negociables (de ahí que el proceso se denominara titulización). Los bancos vendían inmediatamente estos paquetes MBS a unas entidades denominadas conduits (entidades "vehículo"). De esta forma, entraba liquidez en los bancos y éstos transferían los riesgos fuera de sus balances.

Sin embargo, los conduits no eran más que entidades filiales (normalmente fondos de inversión) creadas por los propios bancos para escapar a la normativa contable que sólo afectaba a las entidades bancarias. Es decir, se trataba de una estratagema para "blanquear" las cuentas de los bancos y cumplir la normativa internacional. Aún peor, los conduits aumentaron el riesgo soportado por el sistema, ya que pedían créditos a otros bancos para conseguir el dinero con el que comprar los paquetes MBS, con lo que aumentaban aún más el endeudamiento de los bancos.

El propósito de los conduits era vender rápidamente los MBS que tenían en su poder, generando así una nueva fuente de beneficios. Para ello, recurrieron a los servicios de los bancos de inversión, que los vendieron a otros bancos, fondos de inversión, fondos de pensiones, sociedades de capital riesgo, aseguradoras, etc. A su vez, estas entidades vendían y revendían estos paquetes, que acabaron distribuyéndose por todo el mundo. A menudo, los bancos de inversión elaboraban paquetes CDO que contenían otros paquetes CDO y MBS, de modo que al final nadie sabía a ciencia cierta el producto que en realidad estaba comprando.

Las agencias de calificación jugaron un papel crucial certificando la seguridad de estos CDO y MBS. Las agencias de calificación son empresas que se dedican a dar una valoración (una "nota", para entendernos) a los productos que se intercambian en los mercados financieros. A menudo, estos productos son tan complicados y resulta tan complejo investigar quién los emitió que no es fácil saber si es arriesgado invertir en ellos. Al calificar estos productos, las agencias de calificación facilitan la toma de decisión de cualquier persona o entidad que se esté planteando invertir en ellos.

La valoración más alta dada por estas agencias es la calificación AAA, que era fácilmente obtenida por las hipotecas de más calidad. Sin embargo, los CDO y MBS contenían muchas hipotecas subprime cuya calificación tendría que haber sido muy negativa al tratarse de operaciones muy arriesgadas. Aun así, las agencias de calificiación dieron su sello de aprobación a estos productos  calificándolos con la máxima nota, y esto animó a fondos de pensiones y de inversión y a bancos de todo el mundo a comprar estos paquetes.

Para explicar la actuación tan deficiente de las agencias de calificación debemos volver a mencionar el problema de los incentivos. Al igual que en el resto del sector financiero, los incentivos de las agencias de calificación estaban muy distorsionados: quienes pagaban a las agencias de calificación eran precisamente los bancos que creaban los paquetes que había que calificar. La competencia entre las distintas agencias hizo el resto: si una agencia de calificación no daba la nota que se pedía, los bancos de inversión podrían recurrir a una de sus competidoras [1].

Para agravar el problema, las agencias de calificación descubrieron una nueva forma de obtener ingresos: proporcionar servicios de consultoría (por ejemplo, cómo conseguir la codiciada calificación AAA). Así, las agencias ganaban dinero explicando a los bancos de inversión cómo conseguir buenas calificaciones y, a continuación, ganaban aún más dinero otorgando esas calificaciones [2].

De esta forma, cientos de bancos y millones de personas en todo el mundo invirtieron en estas hipotecas o en sus productos derivados creyendo que se trataba de una inversión segura. En gran medida, todo fue posible gracias a que las autoridades financieras habían relajado la supervisión y la regulación de los mercados financieros.