domingo, 8 de enero de 2017

POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES (I). LA IMPORTANCIA DE LAS INSTITUCIONES


Cuenta la historia que, tras pasar cinco años encarcelado, Fray Luis de León reanudó sus clases en su cátedra de la Universidad de Salamanca con la frase "Decíamos ayer...".
En fin, lejos de mi intención compararme con Fray Luis de León. Después de todo, este blog solo lleva nueve meses en barbecho, no cinco años (ni siquiera mencionaré la distancia sideral entre Fray Luis de León y yo). Pero sí que me gustaría adoptar su filosofía y reanudar mi actividad como si el último artículo se hubiera publicado ayer.

Para retomar el blog, me ha parecido bien hacerlo comentando un libro que leí hace un par de años y cuyas tesis me parecieron muy interesantes. Se trata de la obra "Por qué Fracasan los Países" de Daron Acemoglu y James Robinson. En este libro, los autores examinan las razones por las que, a su juicio, unos países son más prósperos que otros. A lo largo de este artículo, realizaré una síntesis de las principales ideas vertidas por los autores en el texto, esperando que os resulten tan interesantes como me resultaron a mí en su momento.



Según los autores, no debemos buscar las causas por las que unos países son más ricos que otros en la climatología, la geografía o las diferencias culturales. Para Acemoglu y Robinson, la razón está en las instituciones políticas y económicas de cada país.

Antes de continuar, detengámonos un momento en el concepto de institución. Para la escuela institucionalista americana, que se desarrolló en las primeras décadas del siglo XX, las instituciones eran las reglas sociales que afectan y configuran a los individuos. Según los institucionalistas, los instintos son el móvil primario de la actividad humana; la razón complementa y encamina los instintos, que si se repiten van convirtiéndose en hábitos, costumbres y finalmente leyes. Estas instituciones forman el marco en el que se desarrolla la actividad económica.

Thorstein Veblen, el primer gran autor institucionalista, consideraba a la propiedad privada y los métodos de producción como las instituciones más importantes. Según Veblen, en las primeras etapas del desarrollo social los métodos de producción eran muy sencillos y eran conocidos por todos. Sin embargo, cuando el desarrollo tecnológico fue dando lugar a métodos de producción cada vez más complejos, los individuos más astutos, valiéndose del derecho de propiedad, organizaron la producción de forma que percibieran la mayor parte del fruto del trabajo de los demás. De este modo, Veblen llegaba a conclusiones similares a las del propio Karl Marx; sin embargo, alejándose de planteamientos marxistas, Veblen no consideraba relevante la lucha de clases, sino la explotación de toda la sociedad por las instituciones, en especial la propiedad privada.


Thorstein Veblen. Los primeros institucionalistas fueron muy críticos con instituciones como la propiedad privada.

Sin embargo, Daron Acemoglu y James Robinson pertenecen a una rama de economistas institucionalistas mucho más moderna, el neoinstitucionalismo, que no solo integra en su pensamiento muchas de las tesis de la economía neoclásica, la corriente ortodoxa en en el pensamiento económico actual, sino que loa los beneficios de instituciones como los mercados libres y la propiedad privada, como veremos a lo largo de este artículo.

Aceptando las tesis institucionalistas clásicas, Acemoglu y Robinson afirman que cada sociedad funciona gracias a una serie de reglas políticas y económicas creadas y/o impuestas por el Estado y los ciudadanos. Según los autores, el hecho de que unos países sean más ricos que otros se debe a que las instituciones de cada país crean incentivos muy distintos para sus habitantes. Para explicar el funcionamiento de estas instituciones, distinguen entre instituciones políticas y económicas y entre instituciones inclusivas y extractivas.

Las instituciones políticas determinan la capacidad de los ciudadanos de controlar a sus líderes e influir en su comportamiento. De ellas dependerá si los líderes políticos son agentes de los ciudadanos o si son capaces de abusar de su poder en su propio beneficio. Estas instituciones incluyen las constituciones escritas y el régimen jurídico bajo el que se organiza la sociedad, pero también incluyen el poder del Estado para regular y gobernar la sociedad y la capacidad que tienen los distintos grupos sociales para actuar colectivamente en defensa de sus objetivos frente a otros grupos (por ejemplo, un rasgo muy característico de nuestra sociedad es el inmenso poder de los lobbies, mientras que el poder de las organizaciones sociales y sindicales ha perdido muchísima fuerza en las últimas décadas).

  • Las instituciones políticas inclusivas reparten ampliamente el poder entre la sociedad y limitan la capacidad de acción de los gobernantes. Además, ha de existir un mínimo grado de centralización y poder estatal que permita imponer un mínimo nivel de seguridad, ley y orden (por este motivo no puede decirse que un estado fallido como Somalia, en el que el poder está ampliamente repartido, casi de forma pluralista, tenga instituciones políticas inclusivas).
  • Las instituciones políticas extractivas aparecen cuando el reparto del poder es restrictivo y limitado o cuando las instituciones son incapaces de garantizar unos mínimos niveles de seguridad, ley y orden. Con ellas, son frecuentes los abusos de poder y la corrupción.

Las instituciones políticas de un país determinarán bajo qué instituciones económicas se vivirá, y son las instituciones económicas las que dan forma a los incentivos que tienen los ciudadanos para recibir una educación, ahorrar, invertir o innovar. Del comportamiento que muestren los ciudadanos como consecuencia de estos incentivos dependerá la generación de riqueza y el crecimiento de una economía.
  • Las instituciones económicas inclusivas posibilitan y fomentan la participación de la mayoría de las personas en las actividades económicas que mejor aprovechan su talento y sus habilidades. Ofrecen seguridad para la propiedad privada, un sistema jurídico imparcial, servicios públicos que garantizan la igualdad de oportunidades para los ciudadanos y las condiciones idóneas para realizar intercambios y firmar contratos, además de permitir el nacimiento y la entrada de nuevas empresas y que cada persona elija la profesión y la actividad a la que se quiere dedicar. Para Acemoglu y Robinson, garantizar el derecho a la propiedad privada es crucial en el sentido de que solo quienes disfruten de los frutos de su trabajo estarán dispuestos a arriesgar, invertir e innovar (como ya dijimos, en esto se alejan de forma muy significativa de lo que pensaban institucionalistas clásicos como Veblen).
  • Las instituciones económicas extractivas tienen propiedades opuestas a las instituciones inclusivas. Se denominan extractivas porque tienen como objeto extraer rentas y riqueza de una parte de la sociedad (normalmente, la mayoría de la población) para beneficiar a otra parte distinta (normalmente, la élite minoritaria). La existencia de instituciones económicas extractivas ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad; solo hay que recordar los tres estamentos en los que se dividía la sociedad en época anterior a la Revolución Francesa (clero, nobleza y tercer estado o pueblo llano) y cómo la actividad socioeconómica estaba encaminada a que los dos primeros estamentos se enriquecieran a costa de explotar al tercero. Aunque esto no siempre es así, como luego veremos, lo normal es que cuando las instituciones políticas sea extractivas, los gobernantes puedan establecer instituciones económicas extractivas para enriquecerse y aumentar su poder a costa del resto de la sociedad.


Aunque su defensa de la propiedad privada y de las condiciones del libre mercado acercan a Acemoglu y Robinson a las tesis económicas liberales, ambos autores afirman que para que las instituciones económicas inclusivas funciones adecuadamente es imprescindible la actuación del Estado. El Estado no solo es la única entidad con capacidad coercitiva suficiente como para imponer el orden, luchar contra el fraude y hacer que se cumplan los contratos entre particulares, sino que es fundamental a la hora de suministrar servicios públicos necesarios como la red de carreteras y transportes o una educación y sanidad básicas para la igualdad de oportunidades.

Daron Acemoglu y James Robinson, autores del libro.

Para Acemoglu y Robinson, los países más ricos y que más crecen son aquellos que cuentan con instituciones más inclusivas, mientras que la existencia de instituciones extractivas conduce a la pobreza y a la desigualdad. Tal y como explican los autores, el talento individual está presente en personas que viven en todos los países del mundo, pero este talento requiere de un marco institucional adecuado para transformarse en una fuerza de cambio para la sociedad. No hay ninguna razón para pensar que en Estados Unidos haya gente más inteligente o innovadora que en Rusia, por poner un ejemplo, pero si fue en Estados Unidos donde aparecieron figuras que revolucionaron la informática y el mundo digital como Bill Gates, Paul Allen, Steve Jobs o Larry Page fue porque las instituciones políticas y económicas estadounidenses favorecieron que estas personas pusieran en juego su talento:
  • Las instituciones políticas les dieron confianza en que podrían llevar a cabo sus proyectos: confiaban en que las instituciones y el Estado de derecho garantizarían una estabilidad y una continuidad en el sentido de que no tendrían que temer que ningún dictador se hiciera con el poder, cambiara las reglas del juego, expropiara su riqueza o amenazara sus vidas o su trabajo. Además, el poder político está lo suficientemente repartido y tiene los suficientes contrapesos como para asegurarse de que sería difícil que el gobierno cambiase radicalmente el rumbo de la política económica en una dirección desastrosa.
  • Las instituciones económicas permitieron que estos hombres crearan empresas con facilidad, sin tener que enfrentarse a obstáculos infranqueables, e hicieron que la financiación de estos proyectos fuera factible; el mercado laboral les permitió contratar personal cualificado; el mercado competitivo les permitió comercializar sus productos y ampliar sus mercados siendo cada vez más eficientes.
Por supuesto, conocer la causa de la pobreza de muchos países no significa que sea fácil eliminarla. Si una sociedad no adopta las instituciones necesarias para el crecimiento económico o el bienestar de la mayor parte de la población es porque las instituciones ya existentes son mucho más beneficiosas para las élites que controlan el país.

Sin embargo, los autores no identifican de forma absoluta instituciones inclusivas con desarrollo. Según ellos mismos reconocen, un país con instituciones extractivas puede crecer económicamente por la sencilla razón de que las élites intentarán no ser demasiado extremistas, ya que si ponen en marcha instituciones demasiado extractivas correrían el riesgo de destruir todos los incentivos económicos y agotar los recursos de la economía y, por tanto, la fuente de su riqueza.

Desarrollando un poco más su razonamiento, Acemoglu y Robinson hablan de dos casos en los que puede haber crecimiento económico bajo instituciones extractivas:
  1. Cuando las élites pueden asignar recursos a actividad de alta productividad que controlan personalmente. Seguramente, el ejemplo más emblemático sería el desarrollo económico y la industrialización de la Unión Soviética en el período comprendido entre el primer plan quinquenal de 1928 y la década de los setenta. Aunque las instituciones políticas y económicas eran muy extractivas y los mercados estaban muy limitados, la Unión Soviética creció de forma espectacular porque utilizó el poder del Estado para trasladar recursos de la agricultura a la industria, una actividad mucho más productiva y eficiente.
  2. Cuando las élites permiten el desarrollo de instituciones económicas inclusivas aunque sea de forma limitada e incompleta. Cuando la élite considera que tiene una posición lo suficientemente segura, puede permitirse algunos cambios hacia instituciones económicas inclusivas manteniendo las instituciones políticas extractivas, ya que saben que eso no pondrá en peligro su poder. Los autores del libro ponen como ejemplo el crecimiento de Corea del Sur durante su dictadura militar en la década de los sesenta, aunque nosotros podríamos poner un ejemplo mucho más cercano, el del crecimiento de la economía española durante la década de los sesenta gracias a la aprobación por parte de las autoridades franquistas del Plan de Estabilización de 1959, que modernizó y abrió nuestra economía al exterior.
Los autores destacan que la centralización estatal es clave en ambas formas de crecimiento, por lo que llegan a la conclusión de que los países con instituciones extractivas difícilmente pueden alcanzar un crecimiento económico sostenido en el tiempo si no cuentan con un aparato estatal sólido y firmemente implantado. En todo caso, estas formas de crecimiento tienen fecha de caducidad y acaban agotándose, como le ocurrió a la economía soviética en la década de los ochenta o a la española en la década de los setenta.

Acemoglu y Robinson dedican buena parte del libro a explicar cómo la evolución histórica de las instituciones de los distintos países ha dado lugar a las actuales diferencias de riqueza y prosperidad entre unos y otros. Para ello, introducen un concepto clave en su análisis: las coyunturas críticas, momentos excepcionales en los que el funcionamiento del marco institucional queda en suspenso, de forma que pequeñas diferencias iniciales en los marcos institucionales de partida pueden abrir sendas dispares entre los países que, con el tiempo, conduzcan a enormes diferencias en la situación socioeconómica de dichos países. El libro pone múltiples ejemplos de estas coyunturas críticas, como los distintos procesos de colonización, las invasiones napoleónicas o incluso la peste negra.

Precisamente uno de los rasgos más característicos del libro es la gran profusión de ejemplos con los que los autores intentan demostrar sus tesis. Por supuesto, sería inabarcable en un artículo de estas características hacer referencia a todos los ejemplos históricos que trufan el libro, aunque sí que nos detendremos en algunos de los casos más cercanos a nosotros, como son las causas de que Inglaterra acabase convirtiéndose en la principal potencia europea partiendo de una situación más débil que otros países europeos como Francia o España o el motivo por el que Estados Unidos se convirtió en un país mucho más rico que los países americanos colonizados por la corona española.

Sin embargo, eso lo dejaremos para el próximo artículo, con el que concluiremos nuestro repaso a la obra de Acemoglu y Robinson... ¡Hasta entonces!

¿Qué determina que un país sea rico o pobre? Según Daron Acemoglu y James Robinson, sus instituciones políticas y económicas.


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