domingo, 26 de mayo de 2013

ESTÍMULO ECONÓMICO, NO SE TRATA DE GASTAR POR GASTAR...



Como ya sabemos, Europa se ahoga en una espiral de austeridad impulsada por Alemania. A grandes rasgos, aunque siempre es discutible simplificar, la gran disyuntiva en materia de política económica se establece entre los partidarios de la austeridad y los partidarios del estímulo económico:

  • Los partidarios de la austeridad defienden un máximo rigor de las cuentas públicas y afirman que la flexibilización y liberalización de los distintos sectores de la economía (finanzas, mercado de trabajo, prácticas mercantiles, etc.) liberarán un nuevo potencial de crecimiento económico.
  • Los partidarios del estímulo creemos que llevar a cabo políticas de recortes en plena recesión sólo sirve para ahondar en la crisis y crear paro y pobreza. Además, consideramos que esta política puede ser muy contraproducente en la lucha contra el déficit, ya que al mismo tiempo que recorta los gastos también reduce los futuros ingresos.

En todo caso, no debe confundirse ser partidario del estímulo económico con defender el despilfarro. De hecho, desde mi punto de vista, si se lleva a cabo un estímulo adecuado a la vez que se eliminan gastos superfluos y elementos de derroche, es casi seguro que se reducirá el déficit a medio y largo plazo.


Por otro lado, casos concretos de estímulos mal diseñados y/o enfocados han dado alas a los partidarios de la austeridad para defender sus puntos de vista y afirmar que las políticas de gasto no funcionan. Por ejemplo, así pasó con el primer estímulo llevado a cabo por Barack Obama en 2009 o con el Plan E aprobado por Zapatero también en 2009 (en concreto, el Plan E me parece un ejemplo paradigmático de cómo no debe enfocarse un estímulo económico).

Por eso, dedicará la siguiente entrada a describir los requisitos que a mi juicio debe reunir un estímulo para ser útil. Para ello, me basaré en el análisis realizado por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en el libro "Caída Libre. El Libre Mercado y el Hundimiento de la Economía Mundial", aunque lo haré libremente (es decir, obviaré algunos de los requisitos, refundiré otros y añadiré alguno de mi propia cosecha).


Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001.

La idea básica con la que Stiglitz comienza su análisis es que las crisis no destruyen los activos de una economía. Las empresas cierran sus puertas o reducen plantillas, y muchísimas personas pierden su puesto de trabajo, pero los activos reales y los factores productivos de los que dispone la economía siguen siendo básicamente los mismos, especialmente en lo que concierne al capital humano, físico y natural.

Lo que ocurre en una crisis es que se erosiona la confianza, se debilita la seguridad y se desgasta el tejido institucional de la sociedad (es decir, el entramado de empresas, instituciones públicas, familias, etc.). Lo normal es que en los momentos previos al estallido de la crisis se hayan derrochado los recursos (como ocurrió en España, donde una masiva cantidad de terrenos, de capital y de trabajadores se dedicaron al sector de la construcción en vez de otros sectores más productivos y/o sostenibles a largo plazo).

Habitualmente, el estallido de la crisis es el momento en que se producen las mayores pérdidas de riqueza y empleo, ya que el mercado no consigue asignar eficaz y plenamente los recursos y el desempleo sube vertiginosamente. Este es el momento en el que, si se consiguen aplicar las políticas adecuadas, se puede subsanar este fallo del mercado. Por el contrario, si no se llevan a cabo las políticas adecuadas en el momento apropiado se agravarán y prolongarán las consecuencias de la crisis.

Teniendo todo esto en cuenta, un programa de estímulo ha de reunir los siguientes requisitos:

  1. Ha de ser eficaz (ha de tener un elevado multiplicador).
  2. Ha de ser rápido y afrontar las exigencias a corto plazo creadas por la crisis.
  3. Debería centrarse en la inversión y en los problemas del país a largo plazo.
  4. Ha de poder financiarse.


1. EL ESTÍMULO HA DE SER EFICAZ.

Cada euro gastado en el estímulo ha de tener un gran impacto en la economía. La cantidad en la que se ve aumentado el Producto Nacional por cada euro gastado se denomina multiplicador del gasto.

El multiplicador es un concepto capital en el análisis keynesiano. Según Keynes, el multiplicador del gasto es mayor que uno, lo que significa que un euro de gasto público da lugar a más de un euro de aumento en la producción nacional. Por ejemplo, si el gobierno gasta dinero en la construcción de obras públicas, a continuación los trabajadores gastarán sus pagas en adquirir bienes y servicios y quien les ha vendido esos bienes ganará y gastará a su vez más dinero. A medida que fluye el dinero por entre los recovecos de la economía, cada etapa de esta cadena aumenta la renta nacional, con lo que ésta acaba incrementándose en un importe mayor que la cantidad inicialmente gastada por el gobierno.

Por supuesto, el valor del multiplicador es una cuestión muy controvertida. Para los economistas liberales, el multiplicador del gasto es menor que uno, lo que supone que todo gasto público implica un derroche de recursos y, a la inversa, que reducir el gasto no supondrá un gran impacto para la producción. Recientemente tuvimos un ejemplo de ello, cuando el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, reconoció que las políticas de austeridad impuestas en Europa podrían haber sido contraproducentes y las justificó afirmando que el FMI había estimado un multiplicador del gasto de 0'5Emoji.

El multiplicador del gasto visto por un economista liberal.

Evidentemente, no todo el gasto tiene el mismo multiplicador: si los beneficiarios del estímulo lo aprovechan para consumir o invertir, el multiplicador será alto; si en cambio lo utilizan para ahorrar, el multiplicador será bajo, pues el dinero inyectado no circulará por la economía. Por ejemplo, un aumento de las prestaciones por desempleo o de las pensiones más bajas tiene un multiplicador mucho más alto que las desgravaciones fiscales a los ricos, ya que los beneficiarios de las ayudas son personas más necesitadas y las destinarían a aumentar el consumo.
Del mimo modo, si los beneficiarios del estímulo no son agentes económicos nacionales (inmigrantes, contratistas extranjeros, multinacionales, etc.), el multiplicador también será menor (aunque utilizar este razonamiento para recortar las ayudas a los inmigrantes en dificultades es inmoral a todas luces).


2. EL ESTÍMULO HA DE SER RÁPIDO Y AFRONTAR LAS EXIGENCIAS A CORTO PLAZO CREADAS POR LA CRISIS.

La mayoría de las políticas económicas requieren meses para ser plenamente efectivas. Por tanto, es imprescindible inyectar dinero en la economía rápidamente. En este sentido, son muy efectivos los estabilizadores automáticos, que son gastos que se activan o incrementan automáticamente cuando la economía se debilita. El ejemplo más paradigmático es el de las prestaciones por desempleo, que suben automáticamente a medida que crece el paro y se reducirán cuando éste baje. Un incremento de estas y otras ayudas tendría efectos inmediatos para la gente más necesitada, y ayudaría a paliar otras lacras como la de los desahucios.

Otra medida muy positiva para el empleo y la supervivencia de muchas empresas que tendría efectos inmediatos sería pagarles inmediatamente todo lo que les adeuden las administraciones públicas (diputaciones, ayuntamientos, comunidades autónomas...) o no exigir a las empresas que paguen a Hacienda el IVA de las operaciones que aún no han cobrado (precisamente, debemos felicitarnos de que en ambos aspectos haya habido movimientos por parte del gobierno de Mariano Rajoy).

Además, el estímulo debe destinarse de forma urgente a las áreas de destrucción de empleo, sobre todo cuando la crisis está acompañada del estallido de una burbuja y el hundimiento de todo un sector, como ha ocurrido en España con la construcción. En este sentido, el estímulo debe dirigirse a formar y/o a reciclar a los trabajadores para que puedan encontrar empleo en otros sectores.


3. EL ESTÍMULO HA DE ENTRARSE EN LA INVERSIÓN Y EN LOS PROBLEMAS DEL PAÍS A LARGO PLAZO.

Un paquete de estímulo aumenta inevitablemente la deuda de un país, pero como señala el profesor Stiglitz, la deuda sólo mide un lado del balance: lo que se debe. Los activos son igual de importantes.

Si un país se endeuda para estimular su economía fomentando el consumo mejorará la situación inmediata de las familias, pero el país pasará muchas dificultades para pagar esa deuda en el futuro.

Por el contrario, si un país estimula su economía a través de la inversión, es decir, si invierte en activos y bienes de capital que aumenten la capacidad productiva del país, éste se encontrará en mejores condiciones a largo plazo. Cuando en una entrada anterior hablamos del apalancamiento positivo, dijimos que endeudarse no es negativo siempre que el rendimiento obtenido por una inversión sea mayor que el interés que haya que pagar para financiarla.

Extrapolando este razonamiento al ámbito del gasto, podríamos decir que la deuda pública emitida para financiar un estímulo económico no será un problema para las futuras generaciones en la medida en que, gracias al estímulo, la economía española crezca a tasas superiores a los intereses pagados por la deuda.

Por supuesto, si los intereses de la deuda rondan el 5, el 4 o incluso el 3%, es muy difícil conseguir tasas de crecimiento superiores. Por tanto, es imprescindible llevar a cabo buenas inversiones, que sean necesarias y contribuyan al crecimiento de la productividad. Es decir, nada de aeropuertos sin aviones, autopistas sin tráfico, trenes de alta velocidad sin viajeros, auditorios sin conciertos o edificios singulares sin utilidad.

Al margen de estas consideraciones financieras, todo estímulo ha de dedicar un importante capítulo a la inversión por una razón: en una recesión, la mayoría de las empresas no están dispuestas a asumir el riesgo de invertir, por lo que el Estado debe asumir esa función hasta que mejoren las expectativas económicas. Un estímulo económico enfocado hacia la inversión también brinda la ocasión adecuada para abordar otros objetivos a largo plazo como el cambio de modelo productivo, la puesta en marcha de una economía ecológica, el impulso de un plan de infraestructuras nacional, la búsqueda de un modelo energético eficiente y sostenible, etc.

Una última consideración: en gran medida, uno de los problemas antes de la crisis no era que los ciudadanos estuvieran consumiendo demasiado poco, sino que estaban consumiendo demasiado apoyándose en una endeudamiento excesivo. Es comprensible sostener el consumo para que no se desplome por completo, pero para evitar desequilibrios similares en el futuro parece más razonable fomentar la inversión que el consumo.

¿Es razonable estimular el consumo? ¿No sería esa solución una huida hacia delante?


4. EL ESTÍMULO HA DE PODER FINANCIARSE.

En España, el principal escollo para impulsar un estímulo es encontrar la financiación adecuada. Mucho más en una situación como la actual, en la que desde que entramos en el euro perdimos la capacidad de financiarnos directamente en el banco central. Que los mercados financieros sean nuestra única fuente de financiación ha contribuido además a encarecer extraordinariamente su coste, pues sus integrantes saben perfectamente que no tenemos otro sitio al que acudir (aunque como ya comenté en otra entrada, hablar de mercados financieros es muy relativo, puesto que a día de hoy están prácticamente cerrados para España y cada vez más copados por los bancos nacionales).

Por supuesto, hay otras alternativas, aunque ninguna de ellas sea plenamente satisfactoria. Una de ellas sería luchar contra el fraude fiscal y la economía sumergida (se estima que España pierde 70.000 millones de euros al año por culpa del fraude fiscal). Otra sería llevar a cabo una auditoría del gasto público para eliminar gastos superfluos y liberar esas partidas para engrosar el estímulo (aunque esta opción no deja de ser un parche, pues ya vimos que el 65% del gasto público español se corresponde con partidas de gasto social, por lo que no hay tantas partidas de las que recortar).

Para asegurar nuevas fuentes de ingresos alternativas a los mercados financieros es imprescindible emprender una reforma fiscal en profundidad, que capte nuevos ingresos a la vez que descargue de presión fiscal a las rentas del trabajo, muy perjudicadas en nuestro sistema impositivo frente a las rentas del capital y los beneficios de las empresas. Sería fundamental en este sentido eliminar toda la maraña de desgravaciones, deducciones y bonificaciones que restan ingresos al erario público por los motivos más "peregrinos".

Pero en cualquier caso, por mucho éxito que tengan estas alternativas, será imprescindible afrontar el problema del acceso a los mercados financieros, para lo que sería necesario desplegar una frenética actividad política, buscando pactos y alianzas en el seno de la eurozona para conseguir un mayor poder de negociación y capacidad de presión de cara a alcanzar objetivos como la emisión de eurobonos, anular la prohibición del BCE de prestar fondos a los países de la eurozona, etc.


PARA CONCLUIR...

A veces, estos requisitos están en conflicto, y otras veces son complementarios. Por ejemplo, gran parte del gasto necesario para afrontar las exigencias a corto plazo es muy eficaz (el multiplicador es muy alto) pero no crea un activo para el futuro.

Pero ahí está el "arte" de gobernar. Gobernar consiste en tomar decisiones, y toda decisión, sobre todo cuando es de política económica, implica una transferencia de renta, unos beneficiarios y unos perjudicados. Y no nos engañemos, el hecho de no hacer nada también es una decisión.

Todo buen estímulo ha de sembrar para el futuro...

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