domingo, 19 de abril de 2015

EL MULTIPLICADOR DE RASPUTÍN


Uno de los conceptos más recurrentes de los popularizados por John Maynard Keynes es el multiplicador del gasto. Básicamente, lo que nos dice este concepto es que el incremento que se produce en la renta nacional como consecuencia del gasto de 1 € es una cantidad superior a dicho euro.

Esto se debe a que el dinero que se gasta va circulando por la economía, de modo que si un sujeto A paga una determinada cantidad de dinero a otro sujeto B, este sujeto B podrá utilizar ese dinero para comprar algún bien al sujeto C, éste podrá usarlo para comprar algo a un sujeto D y así sucesivamente, resultando al final que el gasto final que tiene lugar en la economía es mucho mayor que el que inicialmente realizó el sujeto A. El efecto multiplicador será más intenso cuanto mayor sea la propensión marginal al consumo, es decir, el porcentaje de sus ingresos que los agentes económicos dediquen al gasto, puesto que cuanto mayor sea esta propensión mayor será la cantidad de dinero que circule por la economía.

Keynes utilizaba este concepto para justificar la intervención del Estado en la economía, pues venía a decir que cada euro gastado por el gobierno redundaría en un crecimiento mucho mayor del PIB y de la renta nacional (por supuesto, el concepto del multiplicador es objeto de debate y controversia; recientemente, el economista jefe del FMI Olivier Blanchard entonó un sonoro mea culpa por subestimar los multiplicadores del gasto cuando defendió las recetas de austeridad en la eurozona).

Lo que me ha hecho gracia es ver cómo un personaje de cómic utiliza el concepto del multiplicador (sin nombrarlo, eso sí) para justificar sus fechorías. Me refiero a Rasputín, seguramente el secundario más carismático de la serie Corto Maltés.


Como muchos de vosotros sabréis, Corto Maltés es una serie de aventuras creada en 1967 por el italiano Hugo Pratt. Su protagonista es el marinero Corto Maltés, un aventurero romántico que recorre el mundo durante el primer cuarto del siglo XX. A principios de 1920, Corto se encuentra en Siberia, trabajando a las órdenes de la organización de los Linternas Rojas para intentar robar el oro del zar, que viaja en tren por las estepas siberianas, como se cuenta en Corto Maltés en Siberia, una de las aventuras más largas creadas por Pratt. A dicha aventura pertenecen estas viñetas:






Impecable razonamiento, ¿verdad? Y más en la época en la que vivimos, donde todo corrupto y ladrón de guante blanco que se precie corre a esconder su dinero en Suiza. Lo más interesante es que, dado que esta aventura transcurre en 1920 y que sabemos que Corto Maltés y Rasputín recorrieron el mundo entero y conocieron a personajes reales como Jack London, Butch Cassidy y Sundance Kid, el Barón Rojo o Josef Stalin... ¿sería muy descabellado imaginar que fue el propio Rasputín el que inspiró a Keynes o a Richard Kahn cuando enunciaron el concepto del multiplicador?

Quién sabe, a lo mejor los viajes de Corto Maltés le llevaron a coincidir con el Círculo de Bloomsbury.

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