NOTA: tras una larga interrupción, retomo la publicación por capítulos del artículo que escribí hace más de un año sobre la crisis de las hipotecas subprime. Como hace dos meses que publiqué la última entrega, vuelvo a empezar por el primer capítulo para aquellos que no lo leyeran en su momento (no creo que haga falta volver a publicar la introducción del artículo, así que entramos directamente en materia). Esta vez, prometo publicarlo completo en menos de dos semanas. Palabra. 

EL SISTEMA FINANCIERO ANTES DE LA CRISIS
donde se cuenta a grandes rasgos cómo funcionaba el sistema financiero antes de que se gestara la crisis y cómo los grandes bancos estadounidenses llevaron a cabo una actividad encaminada a reducir la regulación de los mercados financieros para conseguir mayores beneficios, lo que incrementó el riesgo del sector.
A los economistas les gusta llamar al sistema bancario el corazón de la economía, ya que bombea dinero allá donde se necesita. En efecto, los bancos cumplen una función de intermediación entre familias y empresas, canalizando el ahorro de las familias hacia las necesidades de financiación de las empresas:
- por un lado, las familias depositan sus ahorros en los bancos, que a cambio les pagan un interés por ello.
- por otro lado, con el dinero que las familias han depositado en ellos, los bancos conceden a las empresas los préstamos que necesitan para realizar sus inversiones, y a cambio les cobran un interés por ello.
La función que desarrollan los bancos es esencial. Teóricamente, las empresas podrían ponerse en contacto con las familias para pedirles el dinero que necesitan para desarrollar su actividad (y de hecho hay muchas formas de hacerlo [1]), pero la participación de los bancos aporta grandes ventajas. Por citar sólo algunas: los bancos proporcionan mecanismos de pago rápidos y eficaces (transferencias, pagos con cheques y tarjetas, etc.) y están mejor preparados que las familias para saber si se puede confiar en una empresa a la hora de prestarle dinero, por lo que gracias a ellos el capital de las familias se dirige a aquellos proyectos en los que resulte más productivo y beneficioso.
Si los bancos hacen bien su trabajo, proporcionan dinero para crear nuevas empresas y expandir las ya existentes, se crea empleo, la economía crece y el banco obtiene beneficios. Sin embargo, es evidente que en los últimos tiempos no ha sido así. La actividad bancaria ha cambiado mucho en las últimas décadas, y el señuelo de los beneficios fáciles y astronómicos desvió la atención de la mayoría de los bancos de sus funciones esenciales.
Durante las secuelas de la Gran Depresión, el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt puso en marcha una política intervencionista a la que se denominó New Deal con el objeto de sostener a las capas más pobres de la población y dinamizar la economía. Muchas de sus actuaciones trataron de fijar una estricta regulación en los mercados financieros para poner coto a las conductas imprudentes y/o especulativas. Fruto de esta nueva regulación se aprobó la Ley Glass-Steagall, que establecía una separación entra la banca comercial y la banca de inversión:
- La banca comercial se dedica a administrar depósitos y otorgar préstamos tanto a particulares como a empresas. Su funcionamiento responde al representado en la figura 1.
- La banca de inversión se especializa en ofrecer tanto a empresas como a particulares y a Administraciones Públicas el dinero o los instrumentos financieros necesarios para realizar inversiones en los mercados de capitales. Otra de sus actividades es ofrecer asesoramiento con respecto a fusiones, adquisiciones y otras operaciones financieras.
La estructura reguladora fijada tras la Gran Depresión tuvo buenos resultados. De hecho, el único período de la historia estadounidense en el que no se registraron crisis financieras de envergadura fue el cuarto de siglo posterior a la II Guerra Mundial, cuando se aplicaba eficazmente una estricta normativa. Pero la memoria es corta, y medio siglo es mucho tiempo. En la década de los ochenta, eran muy pocos los veteranos de la Gran Depresión que estaban en activo. Por aquel entonces, se hizo predominante la noción de que los mercados sin trabas pueden asegurar por sí solos la prosperidad y el crecimiento económico [2].
Desde hacía tiempo, el atractivo de dedicarse a actividades especulativas era mucho mayor que la puesta en marcha de un negocio productivo. Además, la competencia en el sector bancario llevó a que los márgenes de intermediación fueran cada vez más bajos, por lo que el modelo clásico de negocio era menos atractivo para los bancos, que empezaron a buscar nuevas formas de generar beneficios. De este modo, dejaron de dedicarse preferentemente a financiar la actividad productiva de las empresas para desplazar sus negocios hacia la gestión de fondos de inversión y el cobro de comisiones bancarias.