domingo, 10 de marzo de 2013

LECCIONES DE HISTORIA: LA CRISIS DE LAS HIPOTECAS SUBPRIME (CAPÍTULO IV)

LA EXPLOSIÓN DE LA BURBUJA


donde se cuenta cómo explotó finalmente la burbuja inmobiliaria y los precios de la vivienda cayeron en picado, dejando a los bancos con pérdidas millonarias, a miles de familias en la calle y a millones de trabajadores en el paro.



En 2003, con los tipos de interés al 1%, sólo había una dirección hacia la que estos podían ir: hacia arriba. Y así fue, pues el tipo de interés llegó hasta el 5'25% en 2006. De repente, millones de personas se encontraron con que habían suscrito hipotecas que no podían permitirse (entre 2001 y 2007, el número de familias norteamericanas con cargas graves -que pagaban por su vivienda más de la mitad de sus ingresos- aumentó en más de cuatro millones).

Cuando las personas que vieron que no podían seguir pagando su hipoteca intentaron vender sus casas, la burbuja se rompió y los precios de la vivienda cayeron en picado. La explosión de la burbuja a principios de 2007 afectó primero a las peores hipotecas, pero muy pronto afectó a toda la propiedad inmobiliaria residencial: quienes habían suscrito hipotecas del 100% debían más dinero de lo que valía su casa, pero a medida que caían los precios de las casas, lo mismo le ocurrió a las personas que habían contratado hipotecas del 90% e incluso del 80%. El impago era la única opción para millones de personas, que perdieron sus hogares y cualquier capital que hubieran aportado.

Cuando estos millones de personas dejaron de pagar sus hipotecas, los productos financieros derivados de ellas perdieron de inmediato su valor, ya que dichas hipotecas dejaron de proporcionar los flujos de dinero que recibían los cobradores de los paquetes CDO y MBS. Miles de fondos de inversión y de pensiones de todo el mundo perdieron de la noche a la mañana todo el capital invertido en estos productos, que se habían revelado como auténtica basura.

Pero también los bancos se vieron engullidos por el remolino financiero. Quizás cegados por los beneficios, los bancos mantenían muchos paquetes de hipotecas en sus balances, de modo que también afrontaron enormes pérdidas con la ruptura de la burbuja. Además, el valor de su cartera inmobiliaria se redujo drásticamente mientras que las deudas que habían contraído permanecían intactas. Así, los bancos comenzaron a registrar pérdidas multimillonarias y se inició una auténtica debacle financiera. Inicialmente fueron los bancos estadounidenses los que empezaron a sufrir pérdidas gigantescas, pero el proceso se extendió con rapidez por todo el mundo, ya que las finanzas internacionales son sin duda alguna la faceta más globalizada de la economía.

La complejidad del proceso de titulización, combinada con la rapidez con la que la situación iba deteriorándose y el alto nivel de endeudamiento de los bancos significaba que ni estos sabían si lo que debían a sus depositantes y acreedores excedía el valor de sus activos (es decir, sus bienes y derechos). Cada uno de ellos sabía lo precaria que era su situación, pero sólo podían adivinar lo precaria que era la situación de los demás bancos. Por consiguiente, se evaporaron la seguridad y la confianza en la que se basa el sistema bancario. Los bancos se negaron a prestarse dinero unos a otros, o exigían elevados tipos de interés, con lo que se dermoronaron los mercados mundiales de crédito. Cuando la diferencia entre el tipo de interés interbancario [1] y el interés de la deuda pública estadounidense se elevó drásticamente en agosto de 2007, quedó claro que los bancos norteamericanos no se fiaban unos de otros.

Pronto, los bancos dejaron también de dar crédito a empresarios y consumidores, lo que supuso un auténtico desastre para la economía. La carencia de financiación que se fue extendiendo por todo el mundo hundió sin remedio los mercados, paralizó casi por completo a millones de empresas y dio lugar a que las familias redujeran su gasto en consumo, que al fin y al cabo es de lo que viven las empresas. 




ÍNDICE DE CAPÍTULOS:



[1] El tipo de interés al que los bancos se prestan dinero entre ellos en el mercado interbancario.

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